
Muere el teniente coronel Antonio Tejero, la cara más visible del golpe del 23-F
Impacto España Noticias
El teniente general de la Guardia Civil Antonio Tejero ha muerto a los 93 años, justo el día en que el Gobierno de España ha desclasificado los archivos del 23-F, golpe de Estado en el que tuvo un papel protagonista.
Rostro visible de aquel hecho histórico, durante la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del gobierno tras la dimisión de Adolfo Suárez, la imagen de Tejero irrumpiendo en el Congreso de los Diputados, con tricornio y pistola en astillero, quedó en la retina de la mirada de millones de españoles como advertencia de que la debilidad de la democracia.

Tejero durante el intento de golpe de Estado del 23-F
La intervención del Rey Juan Carlos certificó el fracaso de la intentona golpista y consolidó su cargo de jefe de Estado y su papel de garante de la Constitución y su mediación entre fuerzas políticas.
Tejero nació en el pueblo malagueño de Alhaurín el 30 de abril de 1932. Formado en la Academia Militar de Zaragoza, fue destinado a Manresa en diciembre de 1955 como teniente. Tres años después ya sería capitán y serviría en diferentes destinos en Galicia, Andalucía y Canarias.
En 1963 ya era comandante con destinos, primero en Las Palmas y luego en Badajoz.
En 1974 llegaría a Guipúzcoa ya como teniente coronel y sería destinado, sucesivamente, en Málaga y Extremadura.
Con la muerte de Franco y el inicio de la transición a la democracia mostró su desacuerdo con las reformas democráticas, que expresó en diferentes ocasiones, lo que le valieron varias medidas disciplinarias.
En 1978 participó en una primera intentona involucionista, la llamada «Operación Galaxia»: una reunión en la que participaron varios oficiales de alto grado del Ejército y la Guardia Civil donde se planeó el derrocamiento del gobierno de Suárez con un asalto al palacio de la Moncloa.
Se reunieron en aquella ocasión Ricardo Sáenz de Ynestrillas, entonces capitán de la Policía Armada, el comandante Manuel Vidal Francés, el también comandante Joaquín Rodríguez Solano y el capitán José Luis Alemán Artiles, además del propio Tejero.
El objetivo era frustrar el proceso constitucional para llevar a España al punto de partida e iniciar de nuevo el camino de la reforma política con un mayor control por parte del aparato militar sobre el futuro diseño constitucional de España.
El plan fracasó porque el comandante Vidal Francés se echó atrás y decidió comunicar a sus superiores los planes de los conspiradores.
Desmontada la conspiración, Tejero fue condenado a prisión, aunque pronto recuperaría la libertad.
El golpe
Ya en libertad, iniciaría los preparativos del golpe de Estado de febrero de 1981.
Aquella intentona golpista marcó para siempre la deriva de la Transición. Los agujeros de bala en el techo del hemiciclo del Congreso de los Diputados permanecen como testigos mudos de la lucha por traer la democracia en España.
Las fotografías de Tejero con la pistola y mano alzado ordenando anunciando a los diputados que tomaba el congreso con la fuerza de las armas y ordenándoles que se tiraran al suelo, es, quizás, la imagen más icónica de la Transición.

El teniente coronel Antonio Tejero irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados
También lo es la fotografía en la que se percibe al presidente del gobierno Adolfo Suárez, al ministro de Defensa y vicepresidente, Manuel Gutiérrez Mellado, y al líder del PCE, Santiago Carrillo, sentados en sus escaños después de que los guardias civiles abrieran fuego para obligar a los diputados a tirarse al suelo.
Lo cierto es que durante unas horas, el golpe tenía pinta de que iba a prosperar. Tejero accedió al hemiciclo sobre las 18:20. Diez minutos después, el capitán general Jaime Milans del Bosch toma la primera medida que, verdaderamente, podría haber tirado abajo todo el frágil edificio constitucional recién construido: proclama el estado de excepción en la III Región Militar, con capitanía en Valencia, de la que es capitán general.
Milans del Bosch saca los tanques por Valencia, además de soldados armados. Los carros de combate se sitúan en varios edificios administrativos, incluido el ayuntamiento. Ninguna otra capitanía general secundará la medida de Milans del Bosch, primer indicio, y quizás el más claro, de que todo iba a terminar en fracaso. Las miradas, a continuación, se dirigieron a Zarzuela.
Decisiones providenciales del Rey
Y la reacción del Rey fue la que, finalmente, frustró todo el golpe cuando los carros de combate de la Brunete ya se dirigían hacia Madrid. El Rey se aseguró de que ninguno de los capitanes generales, incluso los que empezaban a mostrarse dubitativos, secundara la iniciativa de Milans del Bosh.
El Rey tomó otras decisiones providenciales para el fracaso del golpe: se mantuvo alejado del general Alfonso Armada, de quien sospechaba que podría estar implicado en la intentona, y su decisión de llamar a Milans del Bosch y ordenarle que depusiera su actitud golpista.
La negativa de Milans del Bosch de obedecer al monarca evidenció que los golpistas se habían situado en abierta rebeldía a la corona.
El enquistamiento de la situación enfrenta en las horas siguientes a Tejero, a Milans del Bosch y a Armada. El golpe había fracasado, pero faltaba la puntilla, y sería el Rey quien se encargara de darla cuando pasada la 1:15 de la madrugada apareció en TVE con el uniforme de capitán general del los Ejércitos donde confirmó que había ordenado a las Autoridades civiles y militares «mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente» y afirmaba que la Corona «no puede tolerar ni forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático».
Minutos después Milans del Bosch retira los tanques de Valencia y horas después levanta el Estado de excepción. Envalentonados por la llegada de una exigua columna de apoyo, los guardias civiles encerrados en el Congreso pasan de la euforia a la decepción al comprobar que ese es todo el apoyo que van a recibir.
A las 10:00 la mañana siguiente la huida de un grupo de guardias por una ventana del edificio anexo al Palacio de las Cortes evidencia el fracaso del golpe. Una hora y pico después Tejero firmaba las condiciones de su rendición.
Tras confirmarse el fracaso de la intentona fue juzgado y condenado a 30 años de cárcel, además de ser expulsado de la Guardia Civil. En 1996 salió de la cárcel en libertad condicional.
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