
Pedro Sánchez contra los fondos buitre mientras el Estado contrata a empresas vinculadas a grandes fondos de inversión
Impacto España NoticiasLa política de vivienda del Gobierno de Pedro Sánchez afronta una contradicción que difícilmente puede pasar inadvertida.
Mientras el presidente del Gobierno utiliza cada vez con mayor contundencia el concepto de «fondos buitre» para denunciar la especulación inmobiliaria y asegura que su Ejecutivo está dispuesto a poner límites a quienes convierten la vivienda en un activo financiero, una sociedad controlada por el Estado, la Sareb, ha adjudicado la gestión de sus activos inmobiliarios a dos grandes compañías del sector: Servihabitat Servicios Inmobiliarios, S.L. y Aliseda Servicios de Gestión Inmobiliaria, S.L.U.


El importe de la licitación asciende a 115,77 millones de euros con impuestos, aunque la cantidad finalmente adjudicada es inferior al presupuesto máximo de licitación. El expediente contempla además un valor estimado global de 174,07 millones de euros, teniendo en cuenta las condiciones previstas en el contrato.
Los nombres son importantes.
Porque detrás de Aliseda aparece Blackstone, uno de los mayores grupos de inversión inmobiliaria del mundo.
Y detrás de Servihabitat, después de una operación corporativa culminada en 2026, aparece Pollen Street Capital, que ha integrado la compañía en un grupo junto a Finsolutia e Hipoges y que declara gestionar alrededor de 60.000 millones de euros de activos.
La pregunta que surge es inevitable:
¿Cómo puede el Gobierno de Pedro Sánchez presentarse como el gran adversario político de los fondos buitre mientras una sociedad bajo control estatal confía la gestión de sus activos inmobiliarios a compañías vinculadas a algunos de los grandes fondos internacionales del sector?
Pedro Sánchez ha puesto nombres a su enemigo político
No se trata de una interpretación realizada a posteriori.
Pedro Sánchez ha hablado públicamente y en numerosas ocasiones de los llamados fondos buitre.
El 7 de septiembre de 2026, durante la presentación del parque público estatal de vivienda, el presidente afirmó que en España se habían cometido errores que permitieron que viviendas protegidas terminaran, entre otros destinos, «en manos de fondos buitre».
En la misma intervención aseguró que esos fondos son aquellos «que anteponen la especulación a la misma dignidad humana».
Y añadió que las viviendas del nuevo parque público estatal no volverían a convertirse en una oportunidad de negocio para unos pocos.
La posición del presidente tampoco se limita a un discurso puntual.
El 14 de septiembre, Sánchez volvió a afirmar que el Gobierno había establecido mecanismos para impedir que las viviendas protegidas fueran vendidas a fondos buitre y defendió que las políticas públicas debían impedir que volviera a producirse la enajenación de vivienda protegida a este tipo de inversores.
Y el 6 de octubre volvió a insistir.
Sánchez afirmó que las nuevas medidas aprobadas por el Gobierno pretenden «poner pie en pared a los fondos buitre» y limitar la compra de viviendas por parte de estos actores cuando exista una finalidad especulativa.
Por tanto, no estamos ante una expresión aislada.
Pedro Sánchez ha convertido la lucha contra la especulación inmobiliaria y contra los denominados fondos buitre en una parte central de su discurso sobre vivienda.
Y precisamente por eso adquieren relevancia las adjudicaciones de Sareb.
El contrato que pone el foco sobre Sareb
El expediente 2026-P046, denominado «Servicio global de gestión de activos de Sareb», tenía un presupuesto base de licitación de 115.777.539,41 euros, IVA incluido.
El contrato fue dividido en dos lotes.
El lote A tenía un presupuesto de 63.319.892,99 euros.
El lote B, de 52.457.646,42 euros.
El objeto no era menor. Sareb buscaba contratar la gestión integral de dos lotes de activos financieros e inmobiliarios de su propiedad, incluyendo actuaciones técnicas, jurídicas, operativas y comerciales relacionadas con la gestión de dichos activos.
El procedimiento recibió tres ofertas.
Finalmente, el 25 de junio de 2026, Sareb adjudicó los dos lotes.
El lote A fue adjudicado a:
SERVIHABITAT SERVICIOS INMOBILIARIOS, S.L.
Importe de adjudicación: 41.864.392 euros sin IVA.
El lote B fue adjudicado a:
ALISEDA SERVICIOS DE GESTIÓN INMOBILIARIA, S.L.U.
Importe de adjudicación: 43.353.426,79 euros sin IVA.
En conjunto, las dos adjudicaciones suman aproximadamente 85,22 millones de euros sin IVA.
Por tanto, es importante precisar una cuestión: los 115,77 millones son el presupuesto máximo de licitación, no el importe finalmente adjudicado.
Pero eso no resta importancia al asunto.
Estamos hablando de más de 85 millones de euros de adjudicación efectiva sin IVA para gestionar activos de Sareb.
¿Qué es Sareb y por qué importa?
Sareb no es una inmobiliaria privada cualquiera.
La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria nació durante la crisis financiera para gestionar activos procedentes de entidades financieras que fueron objeto de procesos de reestructuración.
Con el paso del tiempo, el Estado pasó a controlar la mayoría del capital de Sareb.
Por eso, cuando Sareb adjudica contratos de esta dimensión, el debate no se limita a una operación empresarial entre dos compañías privadas.
Estamos hablando de la gestión de activos vinculados a una sociedad bajo control público.
Y precisamente ahí aparece la contradicción política que plantea el vídeo.
Primer nombre: Aliseda
El primer nombre que hay que poner encima de la mesa es Aliseda.
Aliseda es una plataforma especializada en la gestión y comercialización de activos inmobiliarios.
Su vinculación con Blackstone convierte a esta empresa en una pieza especialmente relevante dentro del debate.
Blackstone es uno de los grandes grupos internacionales de inversión inmobiliaria y ha tenido una presencia muy importante en España.
Por eso, cuando Pedro Sánchez habla de fondos buitre y de la necesidad de evitar que la vivienda se convierta en un instrumento de especulación financiera, la relación entre una empresa como Aliseda y Blackstone adquiere una evidente dimensión política.
No significa que Blackstone sea el adjudicatario directo del contrato.
El adjudicatario es Aliseda Servicios de Gestión Inmobiliaria, S.L.U.
Pero tampoco sería correcto ocultar la estructura empresarial que existe detrás de la compañía.
La cuestión que merece una explicación pública es precisamente esa:
¿Por qué una sociedad controlada por el Estado necesita recurrir a una empresa perteneciente al entorno de uno de los mayores inversores inmobiliarios internacionales para gestionar sus propios activos?
Segundo nombre: Servihabitat
El segundo nombre es Servihabitat.
Su historia empresarial es también especialmente significativa.
Servihabitat ha sido durante años una de las principales plataformas españolas dedicadas a la gestión de activos inmobiliarios y deuda.
En 2026 se produjo una nueva operación corporativa de gran importancia.
El 3 de agosto, Pollen Street Capital anunció el acuerdo para adquirir Servihabitat a través de Finsolutia e Hipoges.
La operación dio lugar a un grupo que, según Pollen Street Capital, gestionará aproximadamente 60.000 millones de euros de activos y contará con más de 2.000 empleados en España, Portugal, Italia y Grecia.
Es decir, Servihabitat forma ahora parte de una plataforma respaldada por Pollen Street Capital.
Pero aquí también hay que introducir un matiz importante.
La adjudicación de Sareb se produjo el 25 de junio de 2026, antes del acuerdo anunciado en agosto para la adquisición de Servihabitat por Finsolutia e Hipoges, respaldadas por Pollen Street Capital.
Por tanto, sería incorrecto afirmar que Sareb adjudicó en junio directamente un contrato a Pollen Street Capital.
El adjudicatario fue Servihabitat Servicios Inmobiliarios, S.L.
La operación posterior cambió la estructura empresarial de la compañía.
Esta precisión es fundamental para que el debate sea riguroso.
Más de 85 millones adjudicados
Los números permiten dimensionar la operación.
Sareb había previsto inicialmente gastar hasta 115,78 millones de euros con IVA.
Tras el procedimiento de contratación, los dos lotes fueron adjudicados por aproximadamente 85,22 millones de euros sin IVA.
Los beneficiarios fueron:
Servihabitat: 41,86 millones de euros.
Aliseda: 43,35 millones de euros.
Ambas cantidades corresponden a los importes de adjudicación sin IVA que figuran en el expediente.
Y detrás de ambas compañías aparecen grandes plataformas de inversión y gestión inmobiliaria.
Por eso el debate no debería reducirse a una frase simplista como «Sánchez ha dado 115 millones a fondos buitre».
Eso no es exactamente lo que dicen los documentos.
La realidad documentada es más precisa:
Sareb ha adjudicado dos contratos de gestión inmobiliaria por más de 85 millones de euros a Servihabitat y Aliseda, dos grandes operadores del sector, vinculados respectivamente a estructuras de inversión como Pollen Street Capital y Blackstone.
Y aquí aparece Pedro Sánchez
La contradicción política aparece al comparar esos contratos con las propias palabras del presidente.
Pedro Sánchez ha afirmado que su Gobierno quiere impedir que las viviendas protegidas terminen en manos de fondos buitre.
Ha denunciado que determinadas políticas del pasado permitieron que el patrimonio público acabara en manos de estos inversores.
Ha defendido que la vivienda pública debe quedar protegida permanentemente.
Y ha anunciado medidas para limitar la compra especulativa de viviendas por parte de los denominados fondos buitre.
El 29 de septiembre, el Gobierno aprobó medidas que incluían la prohibición de la compra especulativa de vivienda por parte de fondos buitre hasta el 31 de diciembre de 2028, según la referencia oficial del Consejo de Ministros.
La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, llegó a afirmar que el Gobierno pretendía «poner nombres y apellidos a los especuladores» y establecer mecanismos para identificar a las empresas que realizan estas prácticas.
La contradicción, por tanto, no es inventada.
Existe una evidente tensión entre el discurso político contra determinados fondos de inversión inmobiliaria y la utilización por parte de una sociedad controlada por el Estado de grandes empresas del mismo ecosistema financiero e inmobiliario.
¿Significa esto que Pedro Sánchez ha mentido?
Aquí es donde el debate debe separar los hechos de la interpretación política.
Se puede afirmar que existe una contradicción aparente o una cuestión de coherencia política.
Habría que localizar una declaración concreta en la que Sánchez afirmara que su Gobierno jamás contrataría empresas vinculadas a esos fondos y demostrar que posteriormente hizo exactamente lo contrario sabiendo que aquella afirmación era falsa.
El contrato fue objeto de un procedimiento de licitación y recibió tres ofertas. Las adjudicaciones aparecen documentadas en el expediente correspondiente.
Por eso, una formulación periodística rigurosa sería:
Pedro Sánchez mantiene un discurso político de confrontación con los fondos buitre mientras Sareb, sociedad bajo control estatal, ha adjudicado la gestión de activos inmobiliarios a Servihabitat y Aliseda, compañías vinculadas a grandes grupos de inversión.
Eso es un hecho documentable.
Calificarlo como «mentira» es una valoración política que debe atribuirse a quien la formule.
Pero la pregunta sigue sin respuesta
Y esa es precisamente la cuestión que debería responder el Gobierno.
Si los fondos de inversión son señalados como uno de los problemas del mercado inmobiliario...
Si el Ejecutivo pretende limitar la compra especulativa de vivienda...
Si Pedro Sánchez afirma que las viviendas públicas nunca deben volver a terminar en manos de fondos buitre...
¿Por qué una sociedad controlada por el Estado necesita contratar a empresas pertenecientes o vinculadas a ese mismo universo financiero para gestionar sus activos inmobiliarios?
La respuesta puede ser perfectamente empresarial.
Puede argumentarse que estas compañías poseen la experiencia, los trabajadores, las herramientas y la infraestructura necesarias para administrar decenas de miles de activos.
También puede defenderse que el Estado no tiene capacidad operativa suficiente para realizar directamente todas esas funciones.
Pero entonces existe una segunda pregunta:
¿Por qué el Gobierno no explica claramente esa dependencia y cuál es el beneficio concreto para el patrimonio público?
No es lo mismo vender una vivienda que gestionar una vivienda
Hay una diferencia importante que tampoco debe ocultarse.
Una empresa vinculada a un fondo de inversión puede prestar servicios de gestión sin convertirse automáticamente en propietaria de los activos gestionados.
Eso es exactamente lo que ocurre en este contrato.
Sareb sigue siendo la titular de sus activos.
Servihabitat y Aliseda reciben el encargo de gestionar determinados activos.
Por tanto, no puede afirmarse que Blackstone o Pollen Street Capital hayan comprado las viviendas de Sareb mediante este procedimiento.
No es eso lo que muestran los documentos.
El problema que plantea el vídeo es diferente:
la dependencia del Estado de grandes operadores privados ligados a fondos de inversión para administrar patrimonio inmobiliario público.
Esa es la cuestión que merece ser discutida.
La paradoja del discurso de Sánchez
El contraste resulta especialmente llamativo porque el Gobierno ha elevado el tono contra la especulación precisamente en las mismas fechas en las que se conocen estos contratos.
El 6 de octubre, Pedro Sánchez volvió a defender que sus nuevas medidas «ponen pie en pared a los fondos buitre».
Según explicó el presidente, las medidas pretenden limitar la compra de vivienda por parte de esos inversores cuando exista finalidad especulativa.
Solo unos días antes, el propio Gobierno había aprobado medidas para impedir determinadas compras especulativas de vivienda por fondos buitre.
Y mientras tanto, Sareb está contratando a dos grandes operadores inmobiliarios que se encuentran vinculados a estructuras de inversión internacionales.
No es una cuestión menor.
Porque una cosa es decir que el Estado quiere reducir la influencia de los grandes fondos en el mercado de vivienda.
Y otra muy distinta es seguir necesitando a compañías vinculadas a ellos para gestionar una parte del patrimonio inmobiliario público.
Los nombres que deben estar encima de la mesa
La discusión puede resumirse con nombres concretos.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, que ha hecho de la lucha contra la especulación inmobiliaria uno de los ejes de su política de vivienda.
Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda y Agenda Urbana, que ha defendido la identificación y limitación de las prácticas especulativas.
Sareb, sociedad bajo control estatal encargada de gestionar los activos procedentes de la reestructuración bancaria.
Servihabitat Servicios Inmobiliarios, S.L., adjudicataria del lote A por 41,86 millones de euros sin IVA.
Aliseda Servicios de Gestión Inmobiliaria, S.L.U., adjudicataria del lote B por 43,35 millones de euros sin IVA.
Blackstone, vinculado al entorno empresarial de Aliseda.
Pollen Street Capital, grupo que en agosto de 2026 anunció la adquisición de Servihabitat a través de Finsolutia e Hipoges.
Y, por encima de todos ellos, una cifra:
85,22 millones de euros aproximadamente en adjudicaciones sin IVA.
La cuestión de fondo: ¿quién gana y quién gestiona?
La política de vivienda no se puede analizar solamente a través de los discursos.
También hay que seguir el dinero.
Hay que seguir los contratos.
Hay que seguir las sociedades.
Y hay que identificar quién está detrás de ellas.
En este caso, el expediente público permite reconstruir una cadena perfectamente identificable:
Sareb → contratación de servicios inmobiliarios → Servihabitat y Aliseda → grandes plataformas de inversión y gestión inmobiliaria.
La existencia de esa cadena no implica por sí misma una ilegalidad.
Pero sí plantea una pregunta política legítima.
Si el Estado considera que determinados fondos han desempeñado un papel negativo en el mercado de la vivienda, ¿debe depender de compañías vinculadas a esos fondos para gestionar su patrimonio inmobiliario?
Esa pregunta no la responde el contrato.
Tampoco la responde el discurso político.
Y es precisamente por eso por lo que merece una explicación.
Conclusión: los documentos hablan
El vídeo pone el foco en una contradicción.
Los documentos oficiales permiten comprobar que Sareb adjudicó en junio de 2026 dos lotes para la gestión global de sus activos inmobiliarios a Servihabitat y Aliseda.
Los importes de adjudicación fueron de aproximadamente 41,86 y 43,35 millones de euros sin IVA, respectivamente.
También está documentado que Pollen Street Capital anunció en agosto de 2026 la adquisición de Servihabitat, integrándola junto a Finsolutia e Hipoges en un grupo de gestión de activos con aproximadamente 60.000 millones de euros bajo gestión.
Y está documentado que Pedro Sánchez ha defendido públicamente medidas para limitar la especulación y la compra de viviendas por parte de los denominados fondos buitre, llegando a afirmar que el Gobierno quiere «poner pie en pared» frente a ellos.
Por tanto, la controversia es real.
Lo que queda abierto es la interpretación política.
¿Estamos ante una contradicción inevitable derivada de la necesidad de contratar a empresas especializadas?
¿Ante una incoherencia entre el discurso y la gestión?
¿O ante una política pública que combate determinadas prácticas especulativas sin impedir que empresas vinculadas a grandes fondos presten servicios al Estado?
La respuesta corresponde al Gobierno.
Pero hay algo que ya no admite discusión:
los nombres están sobre la mesa, los contratos están publicados y las cantidades están documentadas.
Ahora corresponde a Pedro Sánchez, a Isabel Rodríguez y a Sareb explicar por qué, mientras el Ejecutivo endurece su discurso contra los fondos buitre, el patrimonio inmobiliario gestionado por una sociedad bajo control estatal termina siendo administrado por Servihabitat y Aliseda, compañías integradas en un sector dominado por grandes grupos de inversión.
Y esa explicación debería darse con la misma claridad con la que el Gobierno denuncia públicamente a quienes considera responsables de la especulación inmobiliaria.
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