
Talleres para enfrentarse a la Policía: la extrema izquierda entrena a sus comandos

La extrema izquierda y los anarquistas en España ya no ocultan sus cartas. Estos colectivos antisistema preparan una estrategia explícita de guerrilla urbana y terrorismo callejero, tomando el relevo de los disturbios más destructivos del continente europeo. El espejo en el que se miran estos grupos extremistas radicales se encuentra en Francia.
La guerrilla urbana que ciertos colectivos extienden por las avenidas de París y otras capitales francesas representa el modelo exacto que la extrema izquierda españolas pretende implantar en las calles de las principales ciudades españolas: Madrid y La Coruña ya son un ejemplo. Los manuales de agitación ya no circulan únicamente de forma clandestina en la red. Ahora se imparten en conferencias presenciales con el objetivo nítido de desestabilizar el orden y subvertir la paz pública.


La coartada social del derecho a la vivienda y la escalada hacia la violencia callejera
Las plataformas radicales comunistas aprovechan cualquier malestar de carácter civil para desplegar su agenda de confrontación contra el Estado de derecho. Las acampadas que los colectivos instalaron recientemente con la excusa de «por el derecho a la vivienda» en grandes urbes como Madrid, Valencia o Sevilla sirvieron en realidad como laboratorios de captación.
Estas concentraciones activaron movilizaciones violentas en el espacio público que buscan su punto álgido y su gran hito en la huelga general convocada para el próximo 11 de noviembre.
Lejos de responder a una preocupación genuina por las dificultades habitacionales de los ciudadanos, estas acampadas y manifestaciones han otorgado una nueva visibilidad institucional a facciones ultraizquierdistas y a organizaciones anarquistas que controlan y gestionan activamente diversas casas okupas en todo el territorio nacional. Estos entornos actúan al margen de la ley y se configuran como bases de operaciones logísticas inaccesibles para los propietarios legítimos.
El entramado organizativo de los talleres de agitación en el norte de Madrid
La impunidad con la que operan estos grupos alcanza su máxima expresión en la convocatoria abierta de entrenamientos prácticos de subversión. Colectivos de este ámbito ideológico están convocando a sus militantes para que asistan a los que denominan «Talleres de agitación y protesta», tal como recoge en un reportaje El Confidencial Digital.
Detrás de este eufemismo técnico se esconde un programa de adiestramiento diseñado para la confrontación física contra los servidores de la ley. La Coordinadora Antifascista de Madrid y el Movimiento Antirrepresivo de Madrid van a celebrar esos talleres el sábado 24 de octubre.
El emplazamiento elegido para estas jornadas de formación radical tampoco resulta casual. El evento se desarrollará en el denominado Centro Social Okupado «La Enredadera», situado en la zona norte de Madrid. Las estructuras okupadas funcionan como zonas de exclusión donde los violentos planifican sus campañas de sabotaje sin control administrativo ni supervisión policial.
En estos inmuebles se valida la vulneración del derecho a la propiedad privada mientras se diseñan las consignas que intentarán paralizar el funcionamiento ordinario de la ciudad durante las próximas semanas.
Adiestramiento táctico en la casa okupa La Enredadera para el combate urbano
La actividad que esos grupos comunistas y anarquistas celebrarán en esa casa okupa de Madrid tiene por objetivo, según indican, formar a los militantes y simpatizantes “para la lucha”. Su aparato de propaganda publicita estos encuentros como unos talleres “para pasar a la acción de forma segura”. El temario se orienta a capacitar a individuos jóvenes en técnicas específicas de resistencia que desbordan por completo los límites de la protesta pacífica amparada por la Constitución Española.
Estos colectivos imparten talleres reales de “acción directa” con okupaciones, sabotajes y ataques sistemáticos a las propiedades públicas y privadas. La traducción práctica de estos conceptos se observa nítidamente cuando los integrantes de estas células se enfrentan a pedradas con las Fuerzas de Seguridad en las calles o cuando proceden al incendio intencionado del mobiliario urbano y de vehículos particulares.
El uniforme delictivo de los antisistema y las técnicas de ocultación de identidad
La planificación de los altercados callejeros exige una disciplina estética e instrumental muy estricta para asegurar la impunidad de los agresores. Los manifestantes de estos entornos visten de forma homogénea con sudadera de capucha, pasamontañas y mochila, configurando lo que supone el ‘uniforme’ habitual de los antisistema que provocan altercados callejeros.
En el interior de las mochilas transportan material contundente destinado específicamente a agredir a las unidades de intervención policial. Los activistas se visten enteramente de oscuro y se tapan la cara para evitar ser identificados en los vídeos, grabaciones de seguridad y fotografías policiales que posteriormente sirven como prueba en los tribunales de justicia.
Precisamente otro aspecto que las organizaciones tratarán en esos «Talleres de agitación y protesta» es la denominada “ropa para la revuelta”. Los instructores ofrecerán pautas precisas sobre qué prendas de vestir llevar a las movilizaciones en las calles, previendo de forma deliberada que las jornadas de protesta terminarán en disturbios generalizados.
Las imágenes promocionales de estas jornadas muestran a manifestantes muy tapados y de oscuro: no sólo emplean la consabida sudadera con capucha, sino también pasamontañas y pañuelos para ocultar la parte inferior del rostro, incorporando incluso una gorra debajo de la capucha para tapar todavía más sus rasgos.
La indumentaria se completa obligatoriamente con el uso de guantes, un elemento que los radicales seleccionan con una doble finalidad delictiva: bien para protegerse las manos en plena guerrilla callejera al manipular objetos incendiarios, bien para evitar dejar huellas dactilares en los artefactos o adoquines utilizados.
Alianzas con el antimilitarismo y el uso del vandalismo estético como propaganda
La agenda de adiestramiento de los colectivos de extrema izquierda abarca múltiples dimensiones de la desobediencia civil. La jornada de formación en “agitación y protesta” se completará con un taller de grafitis, destinado a colonizar el espacio público mediante pintadas de carácter ideológico que deterioran el entorno urbano. En estas sesiones de formación dirigidas a militantes de extrema izquierda colabora la Asamblea Antimilitarista de Madrid.
Esta entidad, según sus propias definiciones operativas, “aúna a activistas que trabajan el antimilitarismo desde hace años, con el objetivo de realizar acciones directas no violentas que denuncien las guerras y el militarismo en la sociedad”. Esta colaboración demuestra la confluencia de diferentes siglas radicales que coordinan sus esfuerzos logísticos para golpear las estructuras institucionales del Estado bajo premisas supuestamente pacifistas.
Las organizaciones que lideran la agitación y su estrategia para la huelga general del 11 de noviembre
Los organizadores de estas jornadas de entrenamiento representan el núcleo duro de la agitación callejera en la región madrileña. Los responsables son colectivos que mueven a buena parte de los militantes de extrema izquierda de Madrid:
la Coordinadora Antifascista de Madrid, una organización ya de largo recorrido que convoca manifestaciones y otros actos de protesta, y el Movimiento Antirrepresivo de Madrid. Esta última organización enfoca su actividad de manera prioritaria en proporcionar cobertura legal, económica y logística a aquellos radicales que acaban en la cárcel, resultan multados, son arrestados por las Fuerzas de Seguridad, o sufren daños físicos al enfrentarse a los antidisturbios en la primera línea de combate.
Sin duda alguna, la fecha que estos colectivos radicales han marcado en rojo en su calendario de hostilidades es el próximo 11 de noviembre. Con motivo de las manifestaciones y los piquetes que los sindicatos organizarán por la huelga general convocada contra los desahucios y los precios de los alquileres, las células de extrema izquierda pretenden capitalizar la jornada.
Los antisistema aprovecharán previsiblemente el colapso de las comunicaciones para provocar altercados de gravedad, atacar comercios privados, destruir el mobiliario de las ciudades, atemorizar de forma violenta a aquellos trabajadores que decidan ejercer libremente su derecho a acudir a sus puestos laborales, y enfrentarse de manera directa y coordinada a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Y el gobierno les dejará hacer. El caos y el desorden les interesa.
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