Vox media con Trump para tratar de evitar los aranceles por el desafío de Sánchez
Santiago Abascal mantiene contactos discretos con figuras influyentes del entorno republicano estadounidense para evitar represalias comerciales contra España ante el incumplimiento del gasto en defensa pactado con la OTAN
En un contexto internacional marcado por las tensiones geopolíticas y la reorganización de las alianzas estratégicas, Vox ha intensificado sus contactos con la órbita del expresidente Donald Trump con el objetivo de frenar una posible guerra arancelaria que amenaza con golpear de forma severa a la economía española.
Según fuentes cercanas a la formación, las gestiones se han centrado en transmitir a los círculos republicanos de Washington que la política exterior del actual Gobierno de España, liderado por Pedro Sánchez, no representa al conjunto del país ni a sus empresas.
La chispa que ha detonado estas maniobras diplomáticas informales reside en el desacuerdo de Sánchez con el compromiso de gasto en defensa asumido en el marco de la OTAN. A pesar de haber firmado el pacto que fija un 5% del presupuesto nacional para defensa, el Ejecutivo español ha reiterado que solo destinará un 2,1%. Esta postura se aleja del compromiso de otros socios atlánticos y ha generado incomodidad en sectores de la política estadounidense, especialmente en el entorno trumpista, donde se considera una muestra de falta de compromiso con la seguridad colectiva.
Canales paralelos con Washington
En este escenario, Vox ha desplegado una ofensiva diplomática paralela que incluye conversaciones con asesores, fundaciones conservadoras y figuras influyentes cercanas a Trump. Uno de los encuentros más destacados tuvo lugar durante la reciente celebración de la IV Cumbre de la Iberosfera, evento que congrega a líderes de la derecha iberoamericana y norteamericana. Allí, dirigentes de Vox mantuvieron conversaciones con Mike González, destacado ideólogo del trumpismo y asesor de la Fundación Heritage, una de las organizaciones con mayor ascendencia sobre la futura política exterior republicana.
Durante estas conversaciones, los enviados de Abascal transmitieron un mensaje claro: “Una cosa es Sánchez y otra cosa es España. Una cosa es Sánchez y otra cosa son las empresas españolas.” La intención del partido es convencer a sus aliados ideológicos de que la respuesta de Washington debe centrarse en el Ejecutivo español y no en los intereses económicos comunes entre ambas naciones.
Un movimiento con cálculo político
Desde la formación conservadora reconocen que parte del esfuerzo responde también a una estrategia de imagen: evitar que un castigo económico por parte de Estados Unidos —aranceles más altos a productos clave como el vino, el aceite o el calzado— sea percibido como consecuencia de la cercanía de Vox a Trump. En los últimos años, el partido ha defendido públicamente la figura del expresidente norteamericano, lo que le valió críticas tanto dentro como fuera de España, especialmente durante el auge de las tensiones comerciales entre Washington y Bruselas.
Ahora, sin embargo, Vox busca reconvertir ese vínculo en una herramienta de contención, subrayando que su alianza con el trumpismo se basa en el rechazo común a las políticas “woke” y a las agendas ideológicas globalistas, como la Agenda 2030, y no en un seguidismo incondicional de los intereses norteamericanos.
Fuentes próximas a Abascal afirman que el objetivo de estos movimientos es "construir para el momento en el que Sánchez no esté y Vox llegue al Gobierno". Según estas voces, ese escenario es inevitable: "Llegará más tarde de lo que necesita España, pero antes de lo que Sánchez querría".
Impacto económico de la amenaza arancelaria
La preocupación en Vox no es gratuita. Un reciente informe de la consultora económica Freemarket cifra en hasta 18.200 millones de euros el coste potencial que supondría para la economía española una batería de aranceles impulsada por una Administración Trump. Las principales víctimas serían las exportaciones agroalimentarias, vinícolas y manufactureras, sectores especialmente sensibles a este tipo de medidas.
Más allá del comercio exterior, los efectos macroeconómicos serían devastadores. Freemarket advierte que el crecimiento previsto del PIB español para este año, estimado por el Gobierno en un 2,6%, podría reducirse a la mitad o menos, en torno al 1,3%. Esto arrastraría también al empleo, con una previsión de 54.600 empleos perdidos, y un incremento de hasta dos puntos porcentuales en la tasa de paro.
En el análisis de la consultora, cada punto porcentual de caída del PIB puede traducirse en una reducción del empleo del 2,7%, una elasticidad especialmente crítica en períodos de recesión. Además, las consecuencias no se limitarían a España: los efectos colaterales en la cadena de suministro europea provocarían pérdidas indirectas en otros países socios.
Una diplomacia informal que ya dio frutos
No es la primera vez que Vox utiliza sus relaciones internacionales para influir en decisiones que afectan a la política nacional. En septiembre del año pasado, la formación intervino para frenar en Bruselas la oficialidad del catalán, el gallego y el euskera dentro de las instituciones europeas. Para ello, recurrió a sus contactos con los gobiernos de Italia y Hungría, que finalmente se opusieron a la propuesta defendida por el Ministerio de Asuntos Exteriores.
En aquel caso, Vox se jactó abiertamente de haber utilizado su red de aliados para frenar lo que consideraban una imposición ideológica del separatismo. El precedente ha fortalecido su convicción de que su influencia internacional puede ser un activo político de primer orden.
El riesgo del cortoplacismo
Sin embargo, algunos analistas advierten de que esta táctica entraña riesgos. El recurso a canales informales y a figuras externas al aparato diplomático tradicional puede erosionar la coherencia de la política exterior española y abrir la puerta a interferencias que socavan la soberanía institucional. Además, si la amenaza arancelaria se concreta, cualquier éxito o fracaso recaerá en parte sobre quienes hayan intentado influir sin éxito en su desactivación.
Aun así, desde Vox insisten en que su actuación está motivada por el interés general. En su visión, evitar una guerra comercial con Estados Unidos no solo es una cuestión económica, sino una forma de proteger a los trabajadores y empresarios españoles frente a los errores diplomáticos del actual Ejecutivo.
En definitiva, la ofensiva diplomática de Vox refleja una estrategia ambiciosa: aprovechar sus vínculos internacionales para compensar la debilidad institucional que les impone estar fuera del Gobierno, consolidarse como fuerza de Estado y marcar perfil propio ante un eventual retorno del trumpismo a la Casa Blanca. El resultado de este movimiento puede marcar no solo el futuro inmediato de la política exterior española, sino también el lugar que ocupará Vox en el tablero político de los próximos años.
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