El miedo al fin de ciclo cunde en el PSOE
En política una de las situaciones que más miedo provoca entre quienes la practican es la sensación de inminente pérdida del poder, la derrota electoral.
En el PSOE lo padecieron en los últimos meses, pero entregaron su cuerpo y su alma a Pedro Sánchez, al que desde 2023 le atribuyen superpoderes para dar la vuelta a situaciones adversas o pronósticos negativos de encuestas.
El líder socialista aprovechó la coyuntura por las protestas para disolver precipitadamente las Cortes y lanzó una campaña imaginativa, arriesgada y brillante.
Se usaba el amor para apelar a emociones, para contraponer a “los buenos con los malos” y para humanizar al candidato. Y parecía funcionar.
La estrategia diseñada en la Moncloa tenía tres fases: la primera consistía en crear la ilusión de que era posible ganar, la segunda convertirlo en movilización para ganar, y la tercera y más difícil era tener apoyos suficientes para gobernar.
La primera funcionó porque lograron crear impresión de remontada para conseguir la movilización de la siguiente fase.
Además del propio Sánchez, los pilares de la ejecución eran “los oscares”, es decir, Óscar López y Óscar Puente.
Los dos son aguerridos, no huyen de la confrontación y les gusta la exposición mediática.
Además, los dos tienen experiencia en campañas, sobre todo en comparación con otros miembros del equipo de Moncloa como Diego Rubio, jefe de Gabinete de Sánchez, con mucha actividad académica y eficaz sherpa internacional, pero ninguna experiencia en campañas.
A Ferraz llegaron peticiones de distintas federaciones para que Puente hiciera campaña en ellas y había decisión para que el ministro de Transportes multiplicara su presencia en medios. Se considera necesaria su capacidad de movilizar, apelando al sentimiento de pertenencia al partido.
Hasta el miércoles funcionaba la estrategia y, al menos, habían logrado superar la primera fase y disipar el miedo a perder.
Se diría que mostraba más miedo el PP de Alberto Núñez Feijóo, recordando su fiasco de 2023 y atribuyendo también superpoderes a Sánchez. Eso mantenía ilusionado al equipo de Moncloa.
Así iban hasta que se produjo el accidente del Ave en la provincia de Toledo y, tras la conmoción, el miedo volvió multiplicado al PSOE.
Ese miedo que modifica las conductas hace que la fe ciega en Sánchez se haya transformado en críticas internas, de momento en privado, hacia la decisión de mantener a Puente al frente del ministerio y de la lista de Valladolid tras el accidente, el segundo en nueve meses.
Consideran que Sánchez debía haber entregado su cabeza y que la presión va a ser insoportable hasta las elecciones. Que va a ser muy difícil seguir los argumentarios para responder a las preguntas sobre este asunto en campaña.
Es cierto, que hay ministros y dirigentes socialistas que no compartían la forma de hacer política de Puente, con peleas y polémicas en redes sociales.
Entendían que las posiciones pendencieras funcionan si no hay cargo institucional o de gestión. Por ejemplo, que podía tener sentido esa forma de entrar en batallas si se actúa desde el partido y no desde el gobierno.
Ven ahora que después de haber peleado con tantos y haber disparado contra casi todos le es imposible lograr respaldo de nadie. Que ha gastado su capacidad de generar confianza.
Pero Sánchez eligió esta forma de actuar de Puente y la alentaba porque creía que le ayudaba a sostener al Gobierno. De hecho, eligió bajar hasta el mínimo el pulso de Ferraz restando peso político a las portavoces. O reduciendo el papel público de María Jesús Montero, número dos del PSOE.
No había quejas de nadie y se aceptaba este esquema casi ciegamente como se aceptan internamente desde hace tiempo todas las decisiones de Sánchez.
Hasta se apoyó con resignación la gestión de la crisis de Ceuta, aunque incluso para el equipo de Moncloa estaba claro que fue un desastre.
Es cierto también que en el PSOE sorprendió cómo Puente se dejó querer como supuesto sucesor de Sánchez. Pero había quien creía que era algo alentado por el propio Sánchez para controlar el futuro.
En caso de emergencia por un resultado malo tras las generales, Puente podía aprovechar su tirón entre los militantes, su capacidad para aunar a los más fieles frente al enemigo exterior.
Podría haber sido quien llevara al partido lo más unido posible a un proceso abierto en busca de otro líder.
Pero todo eso ha quedado superado y olvidado, porque Puente ha entrado en lo que él mismo ha llamado este viernes “un calvario”.
Y ahora el miedo a perder ha vuelto para sustituir a la ilusión, ha sumido al partido en el abatimiento y ha modificado conductas hasta el punto de que se cuestionan decisiones como la continuidad de Puente. Eso sí, en privado, pero con el sonido de la desmovilización y el desconcierto.
Sánchez trabaja estos días con su equipo para recomponer la estrategia, disipar ese miedo y volver a ilusionar para movilizar.
Pero ahora ha perdido a su aguerrido defensa central. Sigue en el cargo y en las listas del PSOE pero ya no está para eso.
El líder socialista ya había perdido a José Luis Rodríguez Zapatero, que fue fundamental en el éxito de 2023. Y había tenido que renunciar, por primera vez en unas elecciones, al consejo de Paco Salazar. Le queda Óscar López.
Desde que se produjo el accidente, Sánchez y Puente han hablado decenas de veces. En persona, por teléfono y por escrito y, según Moncloa, el mensaje ha sido siempre de apoyo.
El presidente ha alentado a su ministro para lanzarse a explicar el accidente e informar de las causas, compartiendo la tesis del “fallo humano”.
Su idea es que también Fernando Grande-Marlaska es cuestionado y no por eso lo va a destituir.
Se dice que Sánchez tiene mucho afecto por Puente, es consciente de que pocos le han apoyado y se han partido la cara tanto por él desde el principio.
No son exactamente amigos, porque el presidente es reacio a llevar las relaciones al terreno de la amistad, pero tienen confianza mutua y comunicación frecuente y sincera.
Sánchez se fía mucho de las opiniones de su ministro. Pero hay dudas de que los dos puedan aguantar, por distintos motivos, la presión.
Además de la comparecencia en el Congreso, la semana próxima dará visibilidad a Sánchez como presidente e institucional en la Cumbre Iberoamericana de Madrid.
Será un cierto paréntesis en la campaña, con prolongación del luto por el accidente.
La del pasado año en Ecuador fue un desastre porque casi no hubo líderes latinoamericanos y ahora el Gobierno intenta rescatarla.
Si vinieran todos los mandatarios, Sánchez estaría rodeado de presidentes ultras de Argentina, Chile, Colombia, El Salvador, Paraguay, entre otros.
Solo hay tres de izquierdas: México, Brasil y Uruguay, si es que acuden.
¿Conoces algún hecho irregular que quieres que investigue y cuente Impacto España Noticias? Escribe a denuncias@impactoespananoticias.es
Comparte en Redes Sociales
Apoya el periodismo independiente y crítico
Evite la censura de Internet suscribiéndose directamente a nuestro canal de Telegram, Newsletter
Haz tu Donación
Síguenos en Telegram: https://t.me/impactoespananoticias
Whassapt Impacto España: https://chat.whatsapp.com/DkvQU3OzEzz1Ih524CPUd7
Twitter: https://twitter.com/impactoSumustv
Instagram: https://www.instagram.com/impactoespana?r=nametag
WhatsApp: 635967726