El Gobierno dispara el censo por decreto: millones de nuevos votantes al margen del debate democrático

Los ciudadanos de la Unión Europea residentes en España pueden votar en las elecciones municipales, siempre que estén inscritos en el padrón

Inmigración Ilegal29 de enero de 2026Impacto España NoticiasImpacto España Noticias
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Pedro Sanchez

La decisión del Gobierno de impulsar un proceso de regularización extraordinaria de inmigrantes en situación irregular ha abierto un intenso debate político, institucional y social. La medida, aprobada mediante real decreto, pretende ofrecer una vía legal a cientos de miles de personas extranjeras que ya residen en España, pero también plantea interrogantes sobre sus consecuencias a medio y largo plazo, especialmente en lo relativo al censo electoral, la concesión de la nacionalidad y el encaje de esta política dentro del marco europeo de control migratorio.

Un proceso de regularización de gran alcance
Según las estimaciones del Ejecutivo, más de medio millón de personas podrían acogerse a este procedimiento excepcional. Sin embargo, distintos centros de análisis elevan esa cifra y sitúan el número de inmigrantes en situación administrativa irregular en torno a las 800.000 personas, lo que podría ampliar de forma significativa el impacto real de la medida.

Los requisitos establecidos para acceder a la regularización son limitados. Bastará con acreditar la permanencia en España durante al menos cinco meses antes del 31 de diciembre de 2025 y carecer de antecedentes penales. A ello se suma la posibilidad de reagrupación familiar, un elemento que, de materializarse de forma amplia, podría aumentar de manera notable el número de beneficiarios indirectos del proceso.

El objetivo oficial de la regularización es facilitar la integración social y laboral de estas personas, permitiendo su incorporación plena al mercado de trabajo y reduciendo la economía sumergida. No obstante, sus efectos trascienden el ámbito estrictamente administrativo y económico.

De la regularización a la nacionalidad
Uno de los puntos más controvertidos del debate gira en torno a la eventual adquisición de la nacionalidad española por parte de los inmigrantes regularizados. La legislación vigente establece, como norma general, un período de diez años de residencia legal continuada para solicitar la nacionalidad. Sin embargo, existen importantes excepciones que acortan de manera considerable estos plazos.

Los ciudadanos de países iberoamericanos, así como de Portugal, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial y las personas de origen sefardí, pueden solicitar la nacionalidad tras solo dos años de residencia legal. En el caso de los refugiados, el plazo se reduce a cinco años, y para quienes hayan nacido en territorio español basta con un año.

Este aspecto adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta la composición de la inmigración irregular en España. La inmensa mayoría procede del continente americano, lo que significa que un porcentaje elevado de los regularizados podría optar a la nacionalidad en un plazo relativamente corto en comparación con otros colectivos.

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Cambios potenciales en el censo electoral
La posible ampliación del cuerpo electoral es uno de los argumentos más utilizados por los críticos de la medida. Aunque la regularización no implica automáticamente el derecho a voto en elecciones generales o autonómicas —derecho reservado exclusivamente a los ciudadanos españoles—, sí abre la puerta a que, con el paso del tiempo y tras cumplir los requisitos legales, un número significativo de nuevos ciudadanos pueda incorporarse al censo.

A este escenario se suma la existencia de colectivos extranjeros que ya cuentan con derechos electorales limitados. Los ciudadanos de la Unión Europea residentes en España pueden votar en las elecciones municipales, siempre que estén inscritos en el padrón. Además, los nacionales de países con acuerdos de reciprocidad también pueden participar en estos comicios locales, sin necesidad de haber adquirido la nacionalidad española.

En conjunto, estos factores configuran un panorama demográfico y electoral en transformación, cuyos efectos reales dependerán tanto del ritmo de concesión de la nacionalidad como del grado de participación política de los nuevos residentes.

El efecto acumulado de otras vías de acceso a la nacionalidad
La regularización extraordinaria no es el único elemento que incide en el crecimiento potencial del censo. En los últimos años, otra normativa ha permitido el acceso a la nacionalidad española a descendientes de emigrantes y exiliados, lo que ha generado un volumen elevado de solicitudes desde el exterior.

Cientos de miles de personas ya han obtenido la nacionalidad por esta vía, mientras que más de un millón han iniciado trámites que aún se encuentran pendientes de resolución debido a la saturación administrativa. Aunque se trata de un proceso distinto y con fundamentos históricos y jurídicos propios, su coincidencia temporal con la regularización migratoria contribuye a intensificar el debate político sobre la evolución del electorado.

Debate político y marco europeo
Desde la oposición se ha cuestionado tanto el procedimiento elegido como el momento político en el que se adopta la medida. Se critica el uso del real decreto para una iniciativa de este alcance y se reclama un debate parlamentario previo que permita un mayor control y consenso. También se advierte de una posible contradicción con las líneas generales de la política migratoria europea, basada en el control de fronteras y la gestión coordinada de los flujos migratorios.

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El Gobierno, por su parte, defiende la regularización como una respuesta pragmática a una realidad social ya existente y como una herramienta para ordenar la inmigración desde dentro, reforzando la legalidad y los derechos laborales.

Un impacto a medio y largo plazo
Más allá del enfrentamiento político, lo cierto es que los efectos de esta regularización no serán inmediatos. La obtención de la nacionalidad requiere tiempo, trámites administrativos complejos y el cumplimiento de requisitos adicionales, como la superación de pruebas de idioma e integración. Por ello, cualquier modificación significativa del censo electoral se produciría de forma gradual.

La medida plantea, en definitiva, un debate de fondo sobre el modelo migratorio, la integración social, el equilibrio demográfico y el futuro político del país. Un debate que, previsiblemente, seguirá ocupando un lugar central en la agenda pública durante los próximos años.

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