
Víctimas de ETA a Pedro Sánchez: "No se puede hacer una idea del daño que nos está haciendo"
Impacto España Noticias
La Plaza de la Constitución de Pamplona volvió a convertirse este domingo en un espacio de memoria y denuncia. Colectivos de víctimas del terrorismo de ETA y personas que durante años fueron desplazadas forzosamente de sus hogares por amenazas y persecución se reunieron para recordar a quienes ya no están y para advertir de una herida que sigue abierta.
No era un acto partidista, sino un ejercicio de dignidad cívica frente a una sensación cada vez más extendida: el abandono institucional de las víctimas.
Tras el homenaje, Paz Prieto, portavoz de la asociación ANVITE, puso voz a un sentimiento compartido por muchos de los presentes. Habló de daño, de desánimo y de una profunda decepción con el Gobierno de Pedro Sánchez. No por inacción, sino por acción política consciente: pactar con quienes representan el legado político del terrorismo y convertirlos en socios indispensables para sostener el poder.
Pactos que no son neutros
Desde hace años, el Ejecutivo socialista defiende sus acuerdos con EH Bildu apelando a la legalidad democrática y a la necesidad de garantizar la gobernabilidad. Sin embargo, no todo lo legal es éticamente aceptable, y no todo lo que suma es moralmente defendible. Para las víctimas del terrorismo de ETA, estos pactos no son una abstracción parlamentaria: son una humillación directa.
Pedro Sánchez no solo ha aceptado el apoyo de Bildu en votaciones clave; ha normalizado políticamente a sus dirigentes, los ha convertido en interlocutores válidos y necesarios, sin exigirles una condena clara, inequívoca y sin matices del terrorismo. El mensaje es devastador: el pasado criminal puede relativizarse si los votos resultan útiles.
Arnaldo Otegi: condena, anulación y blanqueamiento político
Arnaldo Otegi no es una figura ajena a la historia del terrorismo en España ni un actor político neutro surgido tras el final de la violencia. Fue condenado en 2011 por la Audiencia Nacional por integración en organización terrorista en el denominado caso Bateragune, al considerarse probado que actuó siguiendo directrices de ETA para reconstruir su entramado político tras la ilegalización de Batasuna. El Tribunal Supremo confirmó sustancialmente esa condena.
Pese a ello, Pedro Sánchez ha decidido elevar a Otegi a la categoría de socio político legítimo, blanqueando su trayectoria y otorgándole una centralidad institucional impensable para quienes aún lloran a sus muertos. Para las víctimas, esta decisión no es reconciliación ni convivencia: es legitimación del entorno de ETA desde el propio Gobierno de España.
El daño a las víctimas: una herida que se reabre
Paz Prieto lo expresó con claridad en Pamplona: cada año son más las personas que acuden a los homenajes, pero también son más las víctimas que se sienten desanimadas. No porque falte memoria social, sino porque falla el respaldo del Estado. Especialmente dolorosa resulta la posibilidad de que ETA sea retirada de la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea, una medida que muchos interpretan como el último paso de un proceso de blanqueamiento político.
Mientras cientos de asesinatos siguen sin resolverse, mientras no hay colaboración real para esclarecerlos y mientras no existe un arrepentimiento sincero por parte de quienes integraron o apoyaron el entramado terrorista, hablar de normalización es una forma de violencia institucional.
Gobernar también es poner límites
Pedro Sánchez ha optado por gobernar sin límites morales claros. Ha elegido pactar con EH Bildu, asumir a Arnaldo Otegi como interlocutor y relegar a las víctimas a un papel incómodo, casi molesto. No se trata de excluir a nadie de la vida democrática, sino de no equiparar jamás a víctimas y verdugos, ni de presentar como ejemplo de convivencia a quien jamás ha pedido perdón de manera clara.
Gobernar España no es solo sumar mayorías parlamentarias. Es defender principios, proteger la memoria democrática y garantizar que el Estado no humilla a quienes sufrieron el terror. En ese terreno, el Gobierno actual ha fracasado.
Memoria, justicia y dignidad
Mientras sigan siendo necesarios actos como el celebrado en Pamplona, mientras las víctimas tengan que recordar lo obvio —que ETA fue una banda terrorista y que su entorno político no ha roto moralmente con ese pasado—, la paz seguirá siendo incompleta.
El olvido no es convivencia. El silencio no es reconciliación. Y legitimar políticamente a Arnaldo Otegi desde el Gobierno de España es una traición a la memoria de los asesinados, a los desplazados forzosos y a todas las víctimas del terrorismo de ETA.
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