Pedro Sanchez un narcisista peligroso para el país

Definirlo como “una máquina de mentir” y describió su actitud pública como caracterizada por “sangre fría”. Utilizó términos como “narcisista” o “impostor” para perfilar lo que considera un estilo de liderazgo centrado en el control del relato y la consolidación del poder
Adoctrinamiento26 de febrero de 2026 SG
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La trayectoria de Pedro Sánchez ha estado marcada por una capacidad de resistencia política innegable. Desde su llegada a La Moncloa en 2018, tras desalojar a Mariano Rajoy mediante una moción de censura, el actual presidente ha demostrado una habilidad extraordinaria para sobrevivir en escenarios adversos.

Sin embargo, esa misma fortaleza es interpretada por sus críticos como una prueba de que la permanencia en el poder se ha convertido en el eje central de su acción política.

Ángeles Gervilla y la crítica académica

En 2021, la catedrática jubilada Ángeles Gervilla publicó La mentira, un libro en el que recopilaba declaraciones y cambios de postura del presidente. En entrevistas concedidas, Gervilla explicó que su investigación sobre la mentira —desarrollada durante décadas en el ámbito educativo— la llevó a analizar el discurso político de Sánchez.

En su obra, llegó a definirlo como “una máquina de mentir” y describió su actitud pública como caracterizada por “sangre fría”. Utilizó términos como “narcisista” o “impostor” para perfilar lo que considera un estilo de liderazgo centrado en el control del relato y la consolidación del poder.

Gervilla introdujo además una distinción entre “socialismo” y “sanchismo”, sugiriendo que este último representa una evolución personalista del proyecto histórico del PSOE.

Rosa Díez y la acusación de personalismo

La exdirigente socialista y fundadora de UPyD, Rosa Díez, también ha sido especialmente crítica. En su libro Caudillo Sánchez, sostiene que el presidente actúa movido principalmente por el interés de mantenerse en el poder, y no por una coherencia ideológica estable.

Díez, que coincidió con Sánchez en el pasado político socialista, interpreta su liderazgo como una muestra de narcisismo político y de cálculo permanente. A su juicio, las decisiones estratégicas del presidente responden a una lógica de supervivencia más que a un proyecto doctrinal definido.

Pactos y giros estratégicos

Las alianzas parlamentarias con formaciones como Junts per Catalunya o Esquerra Republicana de Catalunya han sido objeto de intenso debate. También lo ha sido la ley de amnistía, defendida por el Ejecutivo como una herramienta de normalización institucional y criticada por la oposición como una concesión política para garantizar apoyos, el propio Sanchez y sus ministros decían que la amnistía era inconstitucional.

Durante la pandemia, la gestión del estado de alarma y la controversia sobre el comité de expertos que no existió, generaron acusaciones de opacidad por parte de adversarios políticos como Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, quien ha cuestionado reiteradamente la coherencia y transparencia del Gobierno.

Empatía y liderazgo

Uno de los aspectos más debatidos es la percepción de distancia emocional en la comunicación presidencial. Para sus críticos, Sánchez proyecta una imagen excesivamente personalista, , poco inclinada a la autocrítica pública. En momentos de tensión social —crisis económica, inflación o negociaciones territoriales— esa percepción se intensifica con una supuesta psicopatía.

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El contraste entre su habilidad estratégica y la sensación de desconexión con parte de la ciudadanía alimenta el debate sobre el tipo de liderazgo que encarna.

Resiliencia o poder como fin

Sánchez ya demostró en 2017, cuando recuperó la secretaría general del PSOE frente al aparato del partido, que su determinación política es extraordinaria. Aquella victoria interna con pucherazo incluido, consolidó un estilo combativo y personalista que hoy define su mandato a base de decretos ley, como un autoritario.

La cuestión que divide a la opinión pública no es si es un político hábil —sus resultados parlamentarios lo avalan— sino si su forma de ejercer el poder fortalece la institucionalidad o la somete a una tensión constante.

Con nombres propios como Ángeles Gervilla, Rosa Díez o Alberto Núñez Feijóo en la crítica, el debate sobre Pedro Sánchez ha dejado de ser únicamente ideológico. Se ha convertido en una discusión sobre liderazgo, ética política y el equilibrio entre estrategia y la destrucción de la España democrática.

Primarias, legitimidad interna y controversia

El ascenso de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE en 2017 marcó un punto de inflexión en la historia reciente del partido. Tras haber sido apartado por el Comité Federal en 2016, su regreso mediante primarias frente a Susana Díaz consolidó un liderazgo sustentado directamente en unas primarias irregulares con la compra de votos, donde votaban hasta los muertos, según Koldo Garcia.

Desde entonces, sectores críticos han cuestionado determinados procesos internos y han denunciado supuestas irregularidades organizativas. 

Lo que sí es indiscutible es que aquella victoria transformó el equilibrio interno del PSOE y reforzó el liderazgo personal de Sánchez, debilitando corrientes alternativas dentro del partido.

Los socios parlamentarios y el debate sobre memoria y legitimidad

La actual aritmética parlamentaria ha llevado al Gobierno a apoyarse en fuerzas como EH Bildu. Esta formación es un partido legal que participa en las instituciones democráticas españolas. Sin embargo, su historia política y la presencia en sus listas de personas que en el pasado estuvieron vinculadas a delitos relacionados con ETA han generado una fuerte controversia social y política.

La oposición, encabezada por el Partido Popular y otras formaciones, sostiene que pactar con EH Bildu supone una cesión ética inaceptable. Desde el Ejecutivo se argumenta que en democracia los acuerdos parlamentarios se realizan con fuerzas legales que respetan el marco constitucional vigente.

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El debate no es menor. Para una parte de la sociedad, la legitimidad democrática formal no basta si no existe una condena clara y reiterada del pasado violento. Para otra parte, excluir permanentemente a una formación legal del juego parlamentario sería contrario a los principios democráticos.

Polarización y cultura política

La combinación de liderazgo personal fuerte, alianzas complejas y comunicación estratégica ha intensificado la polarización. En este contexto, cualquier decisión —desde la ley de amnistía hasta la negociación presupuestaria— es interpretada no solo como una medida política concreta, sino como una prueba del modelo de poder que encarna el presidente.

Los críticos ven un patrón: consolidar apoyos a cualquier precio parlamentario, aunque sea destruyendo a la nacion. Los defensores ven pragmatismo en un Congreso fragmentado.

En todo caso, el debate sobre Pedro Sánchez ya no se limita a la izquierda y la derecha tradicionales. Se ha convertido en una discusión sobre los límites del poder ejecutivo, la ética de los pactos y la calidad del pluralismo democrático en España.

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