Pilar Esquinas, abogada especializada en Derecho del Agua y presidenta de Aguaiuris, la Organización de Usuarios y Consumidores de Agua, ha desvelado que detrás de la tala masiva de olivos no existe sólo un interés por instalar placas solares, sino también una disputa estratégica por el control del agua.
Según sostiene la jurista, muchos de los proyectos de grandes plantas fotovoltaicas se promueven en terrenos agrícolas porque permiten a las empresas hacerse con los derechos de explotación de los acuíferos situados bajo esas parcelas.
En declaraciones a medios, Esquinas explica que cuando una compañía logra la aprobación de este tipo de instalaciones obtiene también permisos para el uso industrial del agua, tanto superficial como subterránea. A su juicio, esto abre la puerta a que sociedades con un capital social mínimo —incluso de apenas unos miles de euros— terminen acumulando derechos sobre recursos hídricos que, según advierte, podrían convertirse en un negocio en el futuro.
La abogada relaciona esta situación con la creciente mercantilización del agua. Recuerda que desde 2021 el agua cotiza en mercados de futuros y señala que el Banco Nacional del Agua, previsto para entrar en funcionamiento en 2030, podría consolidar un sistema en el que los derechos sobre este recurso se compren y vendan como activos.
«Se ha creado un mercado del agua», afirma, y advierte de que España estaría transfiriendo esos derechos a sociedades vinculadas a fondos de inversión.
Según su análisis, este proceso tiene raíces en decisiones políticas adoptadas hace décadas. Esquinas sostiene que el cambio se inició durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando la aplicación de la Directiva Marco del Agua transformó lo que antes era una tasa vinculada a infraestructuras hidráulicas en un precio.
También menciona el papel de la entonces ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, en la activación de mecanismos que posteriormente facilitarían el desarrollo de bancos de agua.
La jurista considera que estas políticas han facilitado que terrenos tradicionalmente dedicados a la agricultura estén siendo sustituidos por grandes instalaciones energéticas. A su juicio, el fenómeno se ha acelerado durante los últimos años con la expansión de las plantas solares y con decisiones administrativas adoptadas durante la etapa en la que Teresa Ribera estuvo al frente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

















