
Impuestos en la gasolina y la electricidad que encarecen los precios por la presión fiscal de Pedro Sanchez que culpa a la guerra
Impacto España Noticias
El precio de la energía se ha convertido en uno de los temas más sensibles para los ciudadanos españoles. Cada vez que un conductor llena el depósito o una familia recibe la factura de la electricidad, el impacto en el presupuesto doméstico es inmediato.
En este contexto, el debate sobre la fiscalidad energética ha ganado fuerza en los últimos años. Tanto la gasolina como la electricidad incluyen una carga impositiva significativa, lo que ha generado críticas desde distintos sectores sociales, económicos y políticos. Para muchos ciudadanos, la pregunta es cada vez más frecuente: ¿Cuánto del precio que pagamos corresponde realmente al coste de la energía y cuánto a impuestos?
Gasolina: la mitad del precio son impuestos
Cuando un conductor paga en una gasolinera en España, aproximadamente la mitad del precio final corresponde a impuestos.
Si tomamos como ejemplo un precio cercano a 1,46 euros por litro, el desglose aproximado sería el siguiente:
Coste del combustible, refino, logística y margen comercial: ~0,73 €
Impuesto Especial de Hidrocarburos: ~0,47 €
IVA (21%): ~0,26 €
En total, el Estado recauda alrededor de 0,73 euros por litro, lo que representa cerca del 50% del precio final.
El componente principal es el Impuesto Especial de Hidrocarburos, que se sitúa en torno a 0,47 euros por litro para la gasolina 95. Este impuesto tiene una característica clave: es fijo, por lo que se paga exactamente lo mismo por litro independientemente del precio internacional del petróleo.
A ello se añade el IVA del 21%, que se aplica sobre el precio total, incluyendo el propio impuesto de hidrocarburos.
En la práctica, esto significa que el consumidor termina pagando IVA sobre otro impuesto, una circunstancia que muchos economistas consideran cuestionable desde el punto de vista fiscal.
Un coste inevitable para millones de trabajadores
Para muchas personas, el coche no es una opción, sino una necesidad.
Trabajadores que viven en zonas rurales, autónomos, transportistas, repartidores o agricultores dependen del combustible de forma diaria. Cada subida del precio de la gasolina se traduce directamente en mayores costes para su actividad.
Además, el impacto no se limita al transporte. El precio del combustible influye en:
la logística
la distribución de productos
el coste de los alimentos
el precio final de muchos bienes de consumo
Por tanto, el encarecimiento energético termina afectando a toda la economía.
La política energética del Gobierno
Durante el mandato del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la política energética y fiscal ha sido uno de los ejes más debatidos de la agenda económica.
Desde el Ejecutivo se ha defendido que la fiscalidad energética responde a compromisos europeos relacionados con la transición ecológica, algo totalmente falso. La Unión Europea busca reducir las emisiones de carbono y acelerar el abandono progresivo de los combustibles fósiles.
La exvicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, defendió en numerosas ocasiones que la transformación del sistema energético es necesaria para combatir el cambio climático y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Sin embargo, sectores de la oposición y diversos analistas económicos consideran que estas políticas deben aplicarse con cuidado para evitar un impacto excesivo en el bolsillo de los ciudadanos.
El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha criticado en distintas ocasiones la presión fiscal sobre la energía, argumentando que el Gobierno debería reducir impuestos para aliviar el coste de vida.
Desde Vox, su presidente Santiago Abascal también ha señalado en múltiples intervenciones parlamentarias que el precio de la energía se ha convertido en un problema estructural para las familias y las empresas.
La factura de la electricidad: otra fuente de preocupación
Además de la gasolina, la electricidad se ha convertido en otro foco de preocupación para los hogares españoles.
Durante la crisis energética europea iniciada en 2021 y agravada tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, los precios del mercado eléctrico alcanzaron niveles históricamente altos.
Aunque el Gobierno aprobó medidas para contener el impacto —como la llamada “excepción ibérica” para limitar el precio del gas en la generación eléctrica— muchos consumidores continúan pagando facturas más elevadas que hace algunos años.
La factura de la luz en España incluye varios componentes:
coste de generación de la energía
peajes de transporte y distribución
cargos regulados
impuestos
Entre los impuestos destacan:
IVA, normalmente del 21%
Impuesto sobre la Electricidad
Durante algunos periodos de la crisis energética, el Ejecutivo redujo temporalmente el IVA al 10%, una medida destinada a aliviar el impacto sobre los consumidores.
No obstante, la subida de precios en el mercado eléctrico y el aumento general de los costes energéticos han hecho que muchos hogares perciban que su factura de la luz sigue siendo elevada.
Energía cara y presión sobre el poder adquisitivo
La combinación de combustible caro y electricidad cara tiene un efecto directo sobre la economía doméstica.
Para millones de familias, los gastos energéticos representan una parte cada vez más importante del presupuesto mensual. Cuando suben la gasolina y la electricidad, el margen para otros gastos se reduce.
Economistas como Daniel Lacalle han advertido en repetidas ocasiones sobre el impacto que puede tener una fiscalidad energética elevada en un contexto de inflación.
Otros expertos señalan que el encarecimiento energético afecta especialmente a:
hogares con rentas medias y bajas
trabajadores que dependen del coche
pequeñas empresas y autónomos
Un debate que seguirá marcando la política económica
La fiscalidad energética plantea uno de los dilemas más complejos de la política económica actual.
Por un lado, los gobiernos necesitan ingresos fiscales para financiar sus chiringuitos y servicios públicos en declive y sin inversion. Por otro, los precios de la energía afectan directamente al bienestar de los ciudadanos y a la competitividad de las empresas.
Mientras Europa avanza hacia la descarbonización y la electrificación del transporte, el debate sobre cuánto deben pagar los ciudadanos en impuestos por la energía seguirá siendo una cuestión central.
Cada vez que el precio de la gasolina sube o llega una factura elevada de la luz, la discusión vuelve a la misma pregunta: si el equilibrio entre transición energética, recaudación fiscal y protección del consumidor es el adecuado.
El papel de los sindicatos y el debate sobre su respuesta ante la subida de la luz
Otro aspecto que aparece con frecuencia en el debate público sobre el precio de la energía es el papel de los grandes sindicatos españoles. Durante los años de gobierno de Mariano Rajoy, organizaciones sindicales como UGT y CCOO protagonizaron numerosas protestas y movilizaciones sociales contra las políticas económicas del Ejecutivo, incluyendo críticas al coste de la energía y al impacto de la crisis económica sobre los trabajadores.
En aquel periodo, dirigentes sindicales como Pepe Álvarez, secretario general de UGT, y Unai Sordo, secretario general de CCOO, participaron en manifestaciones y campañas públicas contra medidas económicas que consideraban perjudiciales para el poder adquisitivo de los trabajadores.
Algunos analistas y comentaristas políticos recuerdan que, en aquellos años, el precio mayorista de la electricidad se situaba en determinados momentos en torno a cifras cercanas a los 40-50 euros por megavatio hora, niveles significativamente inferiores a los que se registrarían posteriormente durante la crisis energética europea.
Con el paso de los años, el precio de la electricidad llegó a multiplicarse en varios momentos del mercado energético europeo, alcanzando niveles muy superiores en plena crisis energética tras la pandemia y la guerra en Ucrania. Este contexto ha alimentado críticas desde algunos sectores que consideran que la respuesta social y sindical ante estas subidas ha sido menos intensa que en etapas anteriores.
Estos críticos sostienen que las grandes organizaciones sindicales mantienen actualmente una relación más estrecha con el Gobierno presidido por Pedro Sánchez, especialmente dentro del marco del llamado diálogo social.
En ese espacio institucional participan también la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, así como las organizaciones empresariales y sindicales. En ese contexto se han negociado medidas relevantes como la subida del salario mínimo o la reforma laboral.
Desde la perspectiva de quienes cuestionan la actitud actual de los sindicatos, el hecho de que UGT y CCOO reciban financiación pública para programas de formación, participación institucional y diálogo social podría influir en una menor confrontación política con el Ejecutivo.
Sin embargo, desde las propias organizaciones sindicales se rechaza esa interpretación. Tanto Pepe Álvarez como Unai Sordo han defendido en repetidas ocasiones que su prioridad es obtener mejoras concretas para los trabajadores mediante la negociación institucional, en lugar de basar su estrategia únicamente en la movilización en la calle.
En cualquier caso, el contraste entre las protestas sindicales de etapas anteriores y el actual contexto político sigue formando parte del debate público sobre el precio de la energía, la presión fiscal y el papel de los distintos actores sociales en España.
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