
El pseudomedio El Plural y el periodismo activista y vendido por dinero: de los dos DNI a la vivienda de Ayuso
Impacto España Noticias
El Plural ocupa desde hace tiempo un lugar destacado en esta última categoría. No porque un periódico no pueda ser crítico con Isabel Díaz Ayuso, Alberto Núñez Feijóo, Juan Carlos Peinado o cualquier otra figura situada en la derecha. Naturalmente que puede hacerlo. La libertad editorial incluye el derecho a mantener una línea política perfectamente identificable.
El problema aparece cuando la contundencia del titular supera a la solidez de la prueba.


Y ahí es donde la trayectoria reciente de El Plural ofrece varios episodios que merecen ser revisados.
Porque una cosa es publicar una información incómoda para un político y otra muy distinta es construir alrededor de esa información una narrativa de sospecha que después resulta mucho más difícil de sostener cuando se examinan los datos y los hechos.
El último ejemplo: la vivienda de Ayuso
El último capítulo tiene como protagonista a Isabel Díaz Ayuso y a su pareja, Alberto González Amador.
La información publicada por El Plural presenta como una gran revelación que ambos viven de alquiler en un piso de aproximadamente 110 metros cuadrados, con tres habitaciones, dos baños, garaje y piscina, y que el alquiler rondaría los 2.000 euros mensuales.
La pregunta elemental es inevitable:
¿Cuál es exactamente el escándalo?
Si existe una irregularidad relacionada con el inmueble, debe demostrarse. Si existe dinero público, debe documentarse. Si existe un trato de favor, debe acreditarse. Si existe un conflicto de intereses, debe explicarse.
Pero si el dato esencial consiste en que una dirigente política y su pareja alquilan una vivienda privada y pagan por ella, estamos ante una información sobre su vida personal, no ante un caso de corrupción.
Un piso. Un alquiler. Una piscina. Un garaje. Tres habitaciones. Dos baños.
Y, de repente, una “exclusiva”.
El problema no es contar dónde vive Ayuso. El problema es pretender que el lector confunda metros cuadrados con irregularidades.
El episodio de los dos DNI
Uno de los mejores ejemplos de esta forma de construir una noticia fue el caso del juez Juan Carlos Peinado.
En julio de 2024, El Plural publicó que el magistrado figuraba con dos DNI distintos como propietario de varios inmuebles. La información tuvo repercusión política y fue utilizada públicamente por dirigentes socialistas pese a demostrarse que era un bulo, los socialistas salieron en tromba cuando ya sabían que era una información falsa.
Posteriormente aparecieron explicaciones sobre errores graves en determinadas inscripciones registrales, y el supuesto segundo DNI correspondía a otra persona con el mismo nombre.
La cuestión es sencilla: cuando una información se presenta como una revelación extraordinaria y posteriormente aparecen elementos que apuntan a una confusión registral, el lector tiene derecho a conocer claramente qué ocurrió y qué parte de la acusación inicial quedó desmentida o corregida, pese al bulo El Plural nunca rectifico.
Porque una cosa es investigar una anomalía registral y otra muy distinta convertir una coincidencia de nombres en una historia sobre dos identidades.
Otra “exclusiva”: la mujer de Peinado
En julio de 2025, El Plural volvió a poner el foco sobre la mujer del juez Peinado por su condición de funcionaria.
Pero la propia información reconocía que llevaba décadas desempeñando su profesión.
La pregunta vuelve a ser inevitable:
¿Dónde está la irregularidad?
Ser funcionario no es un escándalo. Tener una carrera profesional de décadas tampoco. Si existe una conexión ilícita, debe demostrarse. Si no existe, convertir una trayectoria profesional en elemento sospechoso es, como mínimo, una manera muy particular de entender el periodismo de investigación.
La publicidad institucional y la vara de medir
Hay otro asunto que merece transparencia: el dinero público que llega a los medios de comunicación.
Según datos publicados en junio de 2026 sobre el reparto de publicidad institucional del Gobierno central, El Plural recibió 16.502,41 euros en publicidad institucional del Ejecutivo de Pedro Sánchez. El Plural ha recibido desde que Sanchez es presidente mas de un millón de euros en subvenciones.
Es importante precisar que esto equivale a una subvención directa demuestra que el Gobierno compra la línea editorial del periódico y de otros tantos que favorecen al gobierno.
Pero sí existe una cuestión legítima: El Plural dedica numerosas informaciones a examinar y criticar el dinero público que otros gobiernos destinan a medios. Por tanto, resulta perfectamente razonable aplicar el mismo criterio cuando hablamos de sus propios ingresos procedentes de las administraciones.
El propio periódico ha defendido la transparencia sobre cuánto dinero público recibe cada medio.
Perfecto.
Transparencia para todos.
Si la publicidad institucional de un Gobierno del PP merece ser investigada, la del Gobierno del PSOE también debe poder ser examinada. No porque pruebe corrupción, sino porque el dinero público no cambia de naturaleza dependiendo del partido que gobierne.
La anterior directora y su salto a RTVE
También merece atención la trayectoria de Angélica Rubio, anterior directora de El Plural. Tras su etapa al frente del medio, Rubio pasó a ocupar un puesto en RTVE, con una retribución superior a los 100.000 euros anuales, según las informaciones publicadas sobre su nombramiento.
El dato, por sí solo, demuestra que su incorporación a RTVE fue un “pago” por servicios políticos que existio un acuerdo con Pedro Sánchez.
Pero sí plantea una pregunta legítima sobre las puertas giratorias entre determinados medios y las instituciones públicas: ¿hasta qué punto las relaciones políticas y profesionales influyen en determinados nombramientos?
En un medio que dedica tanta atención a las conexiones entre periodistas, partidos e instituciones cuando afectan a sus adversarios, sería razonable exigir exactamente el mismo nivel de escrutinio cuando la conexión afecta a su propio entorno y a dinero publico.
Porque si se exige transparencia a los demás, la primera obligación debería ser practicarla en casa.
Y hay otra circunstancia que tampoco debería ocultarse
El actual director de El Plural, José María “Chema” Garrido, no es un periodista sin trayectoria política previa.
Garrido ejerció responsabilidades orgánicas en el PSOE de San Sebastián de los Reyes y también ocupó responsabilidades de comunicación en un Ayuntamiento gobernado por los socialistas. Posteriormente fue nombrado director de El Plural. El propio medio presentó su nombramiento en 2024 destacando su compromiso con los valores de la socialdemocracia.
Esto tampoco demuestra que El Plural reciba instrucciones del PSOE.
Pero es un dato biográfico relevante que el lector tiene derecho a conocer cuando analiza la línea editorial de un medio.
Y la cuestión se vuelve todavía más interesante si se compara con la severidad con la que El Plural analiza los vínculos profesionales o políticos de periodistas y medios que considera próximos al Partido Popular.
La vara de medir debería ser exactamente la misma.
El episodio del hotel de Mérida
En abril de 2026 surgió además una polémica después de que José María Garrido fuera grabado saliendo de un hotel de cinco estrellas en Mérida durante los días del Congreso del PSOE.
Algunas publicaciones afirmaron que la estancia había sido pagada por el PSOE. Sin embargo, Garrido negó expresamente que el partido hubiera pagado su alojamiento, y el caso permanece sin verificar de forma independiente. Maldita.es mantiene precisamente esta afirmación como un caso abierto y no verificado, también hay que saber que Maldita.es son extrabajadores de LaSexta.
Pero sí es legítimo plantear una pregunta mucho más sencilla:
¿Quién pagó aquella estancia y por qué?
Si la pagó el PSOE, habrá que explicar en qué concepto.
La transparencia que se exige a los demás también debe empezar por casa.
¿Periodismo o activismo?
Esta es la cuestión incómoda.
Un periódico puede ser de izquierdas. Puede ser de derechas. Puede ser progresista, conservador, liberal o cualquier otra cosa.
La línea editorial no es el problema.
El problema aparece cuando el lector ya no puede distinguir dónde termina la información y dónde empieza la militancia editorial.
Basta con mirar los patrones.
El Plural ayudo a Moncloa con el documento fiscal de Gonzalez Amador, Sanchez Acera les mando el documento para que lo publicaran, para que Juan Lobato lo utilizara en la asamblea contra Ayuso, es decir, colaboro en un acto de corrupción.
Una vivienda privada puede convertirse en una gran exclusiva. Una coincidencia de nombres puede convertirse en una historia sobre dos identidades. La carrera profesional de una funcionaria puede presentarse como elemento sospechoso.
Y, mientras tanto, los vínculos políticos de los propios responsables del medio corren el riesgo de convertirse en una simple nota al pie.
Eso es lo que debe evitar un periodismo verdaderamente independiente.
No hay que proteger a Ayuso. Hay que proteger al periodismo
Isabel Díaz Ayuso no necesita un tratamiento favorable.
Alberto González Amador tampoco.
Pedro Sánchez tampoco.
Begoña Gómez tampoco.
Juan Carlos Peinado tampoco.
Ningún personaje público debería estar protegido frente a la prensa.
Pero precisamente por eso tampoco la prensa debería estar protegida frente a la crítica.
El periodista investiga.
El lector cuestiona.
El medio responde.
Y cuando una información contiene un error, se rectifica.
Porque señalar un error periodístico no es atacar a la prensa.
Es defenderla.
El verdadero examen para El Plural
El Plural tiene todo el derecho del mundo a ser crítico con Ayuso. Tiene derecho a investigar a Peinado. Tiene derecho a cuestionar al PP y a defender las posiciones políticas que considere oportunas.
Pero el lector también tiene derecho a conocer el otro lado de la ecuación:
quién dirige el medio, qué trayectoria política tiene, qué publicidad institucional recibe y cuáles son los criterios con los que se elaboran sus informaciones.
Y esa transparencia debe ser completa.
Porque si El Plural exige saber cuánto dinero público reciben otros medios, debe aceptar que se conozca cuánto recibe él.
Si examina los vínculos políticos de los periodistas de otros medios, debe aceptar que se examinen los vínculos políticos de sus propios responsables.
Si convierte una vivienda privada en materia de investigación, debe explicar qué irregularidad concreta ha descubierto.
Y si utiliza la palabra “exclusiva”, debe aportar algo más que sospechas.
Al final, la pregunta que debería perseguir a cualquier redacción no es:
“¿Cómo conseguimos que esto parezca un escándalo?”
Es mucho más incómoda:
“¿Podemos demostrar exactamente lo que estamos insinuando?”
Ahí empieza el periodismo.
Y ahí termina el ruido.
¿Conoces algún hecho irregular que quieres que investigue y cuente Impacto España Noticias? Escribe a [email protected]
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