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El Gobierno defiende que los etarras den clase en institutos

El Gobierno ha defendido esta posibilidad argumentando que, si las condenas de estos individuos no incluyen la inhabilitación para la función pública, legalmente pueden acceder a estos puestos

Nacional23 de marzo de 2025Impacto España NoticiasImpacto España Noticias
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José Javier Osés, etarra

El reciente debate sobre la posibilidad de que exmiembros de ETA impartan clases en institutos ha generado una fuerte controversia en la sociedad española.

El Gobierno ha defendido esta posibilidad argumentando que, si las condenas de estos individuos no incluyen la inhabilitación para la función pública, legalmente pueden acceder a estos puestos. Sin embargo, la cuestión ha despertado un intenso rechazo en diversos sectores, especialmente entre las asociaciones de víctimas del terrorismo y parte de la oposición política.

El marco legal: reinserción y derechos de los condenados
El sistema penitenciario español se basa en la reinserción social de los condenados una vez que han cumplido sus penas.

Si una persona ha sido sentenciada por delitos relacionados con el terrorismo, pero su condena no incluye la inhabilitación para ejercer funciones públicas, legalmente puede optar a puestos de docente en la educación pública. Este argumento ha sido esgrimido por el Gobierno para justificar la posibilidad de que exetarras impartan clases.

Así lo ha expresado con relación a José Javier Osés, etarra convicto que fue condenado por formar parte de ETA y, ahora, da clases a menores en un instituto de Tudela, el IES Valle del Ebro.

Su ADN, tal y como reflejaba la sentencia del país galo, se encontró en el asiento del conductor del coche en el que la banda terrorista asesinó a Jean-Serge Nérin, policía francés, considerado el último crimen de la organización. Sin embargo, no fue juzgado ni inculpado por ello, ya que no había material suficiente para probar su vinculación al comando.

El principio de legalidad es clave en este debate. Si un individuo ha cumplido su condena en su totalidad y no tiene restricciones legales, no se le podría impedir el acceso a determinados empleos sin vulnerar sus derechos fundamentales. Además, el derecho al trabajo y la reinserción están protegidos por la Constitución Española y tratados internacionales.

 La socialista María Chivite defendió que este nombramiento se produjo en «cumplimiento escrupuloso» de la normativa vigente por parte de la autonomía. Así lo indicó el consejero de Educación del Gobierno de Navarra, Carlos Gimeno. En todo caso, admitió que «la presencia de un ex miembro de esa organización terrorista en un instituto» de su ciudad le producía «desagrado e inquietud».

Rechazo de las víctimas y la oposición
Por otro lado, diversas asociaciones de víctimas del terrorismo han manifestado su indignación ante la posibilidad de que antiguos miembros de ETA ejerzan la docencia. Argumentan que permitirles enseñar a jóvenes en instituciones públicas es una falta de respeto hacia las víctimas y sus familias.

Asimismo, distintos sectores de la oposición política han cuestionado la idoneidad de estas personas para desempeñar un papel educativo, señalando que, aunque hayan cumplido sus penas, su pasado criminal debería ser un impedimento para estar en contacto con alumnos y formar parte del sistema educativo.

El dilema ético y moral
Más allá del marco legal, el debate plantea una cuestión ética y moral: ¿Debe una persona con antecedentes por terrorismo ocupar un puesto en la educación pública? ¿Es suficiente con haber cumplido la condena o es necesario establecer límites adicionales en función del delito cometido?

23f-1981Bulea, bulea, que algo queda

Quienes defienden la posibilidad de que estos individuos accedan a la docencia argumentan que la reinserción es un pilar del sistema penitenciario y que impedirles ejercer su profesión equivaldría a imponer un castigo perpetuo. En cambio, quienes están en contra consideran que ciertos delitos, como los relacionados con el terrorismo, deberían conllevar consecuencias permanentes en ciertos ámbitos laborales.

El debate sobre si exetarras pueden ser docentes en institutos públicos enfrenta el principio de reinserción con el rechazo social que suscita su pasado. Mientras el Gobierno apela a la legalidad y los derechos de los exconvictos, las víctimas del terrorismo y otros sectores consideran inaceptable su presencia en las aulas.

Se trata de un tema complejo que interpela tanto el marco legal como las sensibilidades sociales y que, sin duda, seguirá generando discusión en el ámbito político y ciudadano.

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