
Wafae y «Mohamed y punto»: las dos caras de una presunta operación de inteligencia marroquí en España
Impacto España Noticias
Las filtraciones atribuidas a Jabaroot sitúan bajo sospecha a dos personas que han adquirido notoriedad por motivos muy diferentes: Wafae Atid, la joven que entró en Ceuta y posteriormente contó públicamente su historia, y «Mohamed y punto», personaje al que una documentación difundida en redes vincula con un supuesto agente de la DGST identificado como Alaa El Maliki y con el nombre operativo «ATLAS-17».
Las acusaciones son extraordinariamente graves y, a día de hoy, deben tratarse como afirmaciones pendientes de verificación independiente.


La aparición de los archivos atribuidos a Jabaroot ha abierto una nueva dimensión en torno a la actividad de los servicios de inteligencia marroquíes y su posible presencia operativa en España.
Entre los nombres que han comenzado a circular aparecen personas que, hasta ahora, eran conocidas por actividades aparentemente ajenas al mundo del espionaje.
Uno de los casos más llamativos es el de Wafae Atid.
El otro es el de un individuo conocido como «Mohamed y punto», cuya identidad es asociada en una de las fichas difundidas con el supuesto agente Alaa El Maliki, nombre de código «ATLAS-17».
Las dos historias son diferentes.
Pero ambas conducen a una misma pregunta:
¿Existe una estructura de inteligencia marroquí desarrollando operaciones de influencia, captación de información y cobertura clandestina en España?
Wafae Atid: la joven que llegó a Ceuta
Wafae Atid se convirtió en uno de los rostros de la crisis migratoria de Ceuta después de entrar en la ciudad autónoma durante la llegada masiva de personas procedentes de Marruecos.
Su historia fue presentada públicamente como la de una joven marroquí que buscaba cambiar su situación personal y encontrar una nueva vida en España.
Wafae explicó públicamente sus circunstancias, habló de su vida anterior y relató los motivos que, según su versión, la llevaron a intentar llegar a territorio español.
Hasta ahí, no existe misterio.
El misterio aparece después.
Según las informaciones atribuidas a los archivos de Jabaroot, la mujer conocida como Wafae Atid sería en realidad una persona identificada como Aouatif y estaría vinculada a los servicios secretos marroquíes.
La acusación va todavía más lejos.
Según esa documentación, Aouatif habría realizado anteriormente operaciones de inteligencia con éxito y contaría con una valoración positiva de sus superiores.

También se ha señalado la posibilidad de que utilizara diferentes identidades.
Si esas informaciones fueran auténticas, el relato cambiaría radicalmente.
La mujer presentada públicamente como una joven que llegó a Ceuta pasaría a ser, en esa hipótesis, una persona con experiencia previa en operaciones de inteligencia.
Pero existe una cuestión fundamental:
Nada de esto puede darse todavía como un hecho probado.
Que el nombre Wafae Atid aparezca vinculado a esas acusaciones en los archivos atribuidos a Jabaroot no demuestra por sí mismo que Wafae sea Aouatif.
Tampoco demuestra que sea agente de la inteligencia marroquí.
Para convertir esa acusación en información confirmada sería necesario establecer documentalmente que ambas identidades corresponden a la misma persona y demostrar, además, la vinculación de esa persona con los servicios de inteligencia.
El punto más delicado de la historia es precisamente la supuesta doble identidad.
Wafae Atid sería el nombre utilizado públicamente.
Aouatif sería, según la acusación, su verdadera identidad o una de las identidades utilizadas por ella.
Y detrás de esa supuesta identidad aparecería una trayectoria relacionada con la inteligencia marroquí.
El problema es que una operación de inteligencia basada en identidades encubiertas es, por definición, extremadamente difícil de demostrar únicamente mediante una imagen o una ficha publicada en internet.
La pregunta esencial es:
¿De dónde procede el documento?
Después:
¿Es auténtico?
Y finalmente:
¿Puede vincularse inequívocamente a Wafae Atid?
Hasta que esas tres preguntas tengan respuesta, la acusación debe mantenerse como tal.
Pero eso no significa que deba ignorarse.
Todo lo contrario.
Si existen documentos que presentan una identidad alternativa, experiencia operativa y una valoración de los superiores, el material merece ser investigado.
«Mohamed y punto»: el supuesto agente ATLAS-17
El segundo caso resulta especialmente llamativo porque existe una imagen que presenta una ficha con apariencia de documento oficial.
En ella aparece el encabezamiento:
ROYAUME DU MAROC
y debajo:
DIRECTION GÉNÉRALE DE LA SURVEILLANCE DU TERRITOIRE — DGST
La ficha se presenta como perteneciente a la estructura de operaciones exteriores.
En el documento aparece:
Nombre de código: «ATLAS-17»
Nombre real: «ALAA EL MALIKI»
La ficha atribuye a Alaa El Maliki una fecha de nacimiento concreta:
24 de julio de 1986
y como lugar de nacimiento:
Tánger, Marruecos.
También aparece:
Nacionalidad: marroquí.
Entre los idiomas figuran:
árabe, francés, español y dariya.
Pero el dato realmente relevante está en el apartado profesional.
La ficha identifica a Alaa El Maliki como:
«Officier de renseignement — grade capitaine»
Es decir:
oficial de inteligencia — rango de capitán.
El servicio de adscripción que figura en el documento es:
«DGST — Dir. Opérations Extérieures»
Dirección de Operaciones Exteriores.
España aparece expresamente en la misión
La parte más sensible de la supuesta ficha se encuentra en el apartado:
«MISSION ACTUELLE»
La zona indicada es:
«Royaume d'Espagne»
Reino de España.
El documento describe al supuesto individuo como un agente infiltrado con cobertura civil de larga duración.
Y establece como objetivo principal:
el desarrollo y mantenimiento de una red de influencia bajo cobertura civil.
Entre los objetivos secundarios aparecen, según la imagen:
- mantenimiento de la cobertura;
- identificación de mecanismos de influencia;
- recopilación de información.
Si esta documentación fuera auténtica, el contenido sería extraordinariamente relevante.
No describiría simplemente a un funcionario marroquí destinado en el extranjero.
Describiría a un supuesto oficial de inteligencia con cobertura civil y una misión específica en España.
Y esa misión estaría relacionada con la creación y conservación de una red de influencia.
¿Quién es «Mohamed y punto»?
Aquí aparece una segunda cuestión que tampoco debe darse por resuelta automáticamente.
La imagen difundida está acompañada de la expresión:
«Mohamed y punto»
Sin embargo, en el cuerpo de la ficha no aparece ese nombre.
El documento identifica al supuesto agente como:
ALAA EL MALIKI
y le asigna el nombre operativo:
ATLAS-17.
Por tanto, para demostrar que «Mohamed y punto» y Alaa El Maliki son la misma persona habría que acreditar la conexión entre ambas identidades.
La cadena de identificación sería:
«Mohamed y punto» → Alaa El Maliki → ATLAS-17 → supuesto capitán de la DGST.
Cada flecha necesita su propia prueba.
No basta con que una publicación coloque el nombre «Mohamed y punto» junto a la fotografía.
Lo verdaderamente inquietante: una red de influencia
Hay una expresión de la supuesta ficha que merece especial atención:
«Réseau d'influence»
Red de influencia.
La inteligencia moderna no consiste únicamente en obtener secretos militares o documentos clasificados.
Las operaciones de influencia pueden perseguir objetivos mucho más amplios.
Una red de influencia puede apoyarse en contactos personales, relaciones profesionales, organizaciones, empresarios, asociaciones, personas con capacidad de acceso a determinados círculos o individuos capaces de trasladar determinados mensajes.
Por eso, si la ficha de ATLAS-17 fuera auténtica, la referencia a una red de influencia en España sería posiblemente uno de los elementos más importantes de todo el documento.
Significaría que el supuesto objetivo no sería únicamente recopilar información.
También sería crear y mantener relaciones capaces de producir influencia.
Dos historias que coinciden en un mismo escenario
El caso de Wafae Atid/Aouatif y el de Alaa El Maliki/ATLAS-17 presentan características diferentes.
En el primero, la acusación consiste esencialmente en descubrir una supuesta identidad oculta detrás de una persona que apareció públicamente como migrante.
En el segundo, aparece una ficha que describe supuestamente a un oficial de inteligencia y una misión en territorio español.
Pero ambos casos tienen un elemento común:
España.
En el supuesto expediente de ATLAS-17, España aparece expresamente como zona de actuación.
En el caso de Wafae, la historia se desarrolla precisamente alrededor de su llegada a Ceuta, territorio español situado a pocos kilómetros de Marruecos.
Esto explica por qué las acusaciones han generado tanta atención.
No se está hablando simplemente de personas con vínculos con Marruecos.
Se está planteando, aunque todavía sin demostrar, la existencia de operaciones de inteligencia desarrolladas en territorio español mediante personas con cobertura civil.
La entrevista de Wafae abre otra pregunta
La aparición pública de Wafae añade un elemento político a la historia.
Si la acusación de Jabaroot fuese falsa, estaríamos ante una persona que contó públicamente su experiencia después de llegar a Ceuta.
Pero si algún día se demostrase que Wafae Atid era realmente Aouatif y que Aouatif pertenecía a los servicios de inteligencia marroquíes, habría que formular una serie de preguntas.
¿Quién conocía su verdadera identidad?
¿Se verificó su identidad al entrar en España?
¿Se realizaron comprobaciones de seguridad?
¿Existían antecedentes o alertas?
¿Tuvo contacto con organismos españoles?
¿Quién facilitó su acceso a determinados espacios?
¿Quién decidió entrevistarla?
¿Con qué información contaban las personas que entraron en contacto con ella?
Y, sobre todo:
¿Había conocimiento por parte de alguna autoridad española de una eventual actividad de inteligencia?
Estas preguntas son legítimas.
Pero hay que evitar dar el salto desde la pregunta hasta la acusación.
Que una persona sea entrevistada no demuestra que el Gobierno español la esté protegiendo.
Una cosa es la actividad de un medio o de un periodista y otra completamente distinta una decisión de un organismo del Estado.
Para hablar de complicidad institucional sería necesario disponer de pruebas de que autoridades concretas conocían la supuesta condición de agente y actuaron deliberadamente para favorecerla.
Si la ficha de ATLAS-17 fuera auténtica
Aquí el escenario sería muy diferente.
Si una investigación técnica demostrara que el documento corresponde efectivamente a la DGST, que Alaa El Maliki es realmente ATLAS-17, que la fotografía pertenece a esa persona y que la misión descrita fue real, estaríamos ante una evidencia de enorme importancia.
Porque el documento no habla de una presencia diplomática ordinaria.
Habla de:
operaciones exteriores.
Habla de:
cobertura civil.
Habla de:
infiltración.
Habla de:
redes de influencia.
Y habla expresamente de:
España.
Sería entonces necesario determinar qué actividades desarrolló el supuesto agente, con quién contactó, qué información recopiló y qué personas integraban la presunta red de influencia.
Y si además existiera conexión con «Mohamed y punto»...
La investigación adquiriría una segunda dimensión.
Porque habría que determinar si la persona que públicamente aparece bajo el nombre de «Mohamed y punto» es efectivamente:
Alaa El Maliki.
Si esa conexión quedara demostrada y, al mismo tiempo, la ficha fuera autentificada, la cuestión dejaría de ser una simple controversia en redes sociales.
Pasaría a existir una posible evidencia documental de que una persona concreta estuvo vinculada a la estructura de operaciones exteriores de la inteligencia marroquí.
Pero incluso entonces quedaría por demostrar qué hizo exactamente en España.
Un cargo de inteligencia no demuestra automáticamente que se haya cometido un delito.
Una misión de inteligencia tampoco permite atribuir automáticamente todas las actividades que se le puedan imputar en redes.
La investigación tendría que determinar hechos concretos.
¿Alta traición?
La expresión ha comenzado a aparecer en el debate político y en redes sociales.
Pero jurídicamente hay que ser extremadamente preciso.
La alta traición no puede deducirse simplemente de que un ciudadano extranjero sea supuestamente un agente de inteligencia o de que una persona sea entrevistada por una televisión.
Si existiese colaboración consciente de autoridades españolas con una potencia extranjera para perjudicar los intereses nacionales, podrían plantearse responsabilidades de diferente naturaleza, incluida, en determinadas circunstancias, responsabilidad penal.
Pero habría que demostrar:
quién actuó, qué hizo, qué sabía, cuál era su intención y qué perjuicio produjo.
Por tanto, la pregunta correcta no es todavía:
«¿Quién cometió alta traición?»
La pregunta correcta es:
«¿Existió una operación de inteligencia marroquí en España, quién participó en ella y qué conocimiento tenían las autoridades españolas?»
Wafae y Alaa: dos nombres que necesitan una investigación independiente
En este momento existen dos nombres que han quedado asociados a las filtraciones:
Wafae Atid / Aouatif
La acusación sostiene que Wafae Atid sería realmente Aouatif, una supuesta agente marroquí con experiencia previa en operaciones de inteligencia y una valoración positiva de sus superiores.
No está demostrado de forma independiente.
Alaa El Maliki / ATLAS-17 / «Mohamed y punto»
La supuesta ficha atribuye a Alaa El Maliki el rango de capitán de inteligencia, lo vincula a la DGST y sitúa su misión en España bajo cobertura civil.
La autenticidad del documento y la identificación con «Mohamed y punto» necesitan igualmente confirmación independiente.
Lo que debería investigarse ahora
Una investigación seria tendría que comenzar por los documentos originales y no por las conclusiones de las redes sociales.
Habría que comprobar:
1. La procedencia de los archivos.
Quién los obtuvo, cuándo y de qué sistema proceden.
2. La autenticidad documental.
Tipografía, estructura administrativa, numeración, códigos, sellos, firmas y metadatos.
3. Las identidades.
Si Wafae Atid y Aouatif son la misma persona y si Alaa El Maliki es realmente «Mohamed y punto».
4. Los antecedentes profesionales.
Si existen registros independientes que relacionen a Alaa El Maliki con la DGST.
5. La misión en España.
Si la operación «ATLAS-17» existió realmente.
6. Las posibles redes de influencia.
Quiénes eran los contactos y qué actividad desarrollaban.
7. El conocimiento español.
Si algún organismo de seguridad español conocía estas identidades o actividades.
8. La relación con la crisis de Ceuta.
Y, especialmente, si existe alguna evidencia que conecte a Wafae con una operación de inteligencia.
Una historia que todavía no está cerrada
Lo más prudente sería evitar dos extremos.
El primero es la ingenuidad:
«Todo es falso porque procede de hackers».
El segundo es la credulidad:
«Todo lo que publica Jabaroot es auténtico».
Ninguna de las dos posiciones sirve para investigar.
Las filtraciones pueden contener información auténtica, información manipulada y material imposible de verificar. Precisamente por eso cada documento debe ser sometido a comprobación independiente.
En el caso de Wafae Atid, la cuestión fundamental es si existe realmente una segunda identidad llamada Aouatif y si esa identidad está vinculada a los servicios secretos marroquíes.
En el caso de «Mohamed y punto», la cuestión fundamental es si Alaa El Maliki, alias ATLAS-17, es realmente la persona que aparece en la fotografía y si el documento que lo presenta como capitán de la DGST es auténtico.
Y existe una tercera cuestión que conecta ambos casos:
¿Qué papel desempeñan los servicios de inteligencia marroquíes en España?
Si las acusaciones terminan siendo falsas, habrá que explicar cómo se fabricaron y por qué determinados documentos y nombres fueron presentados como reales.
Si, por el contrario, una parte sustancial de la documentación termina siendo autentificada, España tendrá ante sí un problema de contrainteligencia de considerable magnitud.
Y entonces la pregunta dejará de ser quién es Wafae, quién es Aouatif, quién es Alaa El Maliki o quién se esconde detrás de «Mohamed y punto».
La pregunta será mucho más incómoda:
¿Quién sabía que estaban ahí?
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