
Pedro Sánchez recomienda libros mientras Ceuta pide auxilio
Impacto España Noticias
Hay momentos en los que un político puede permitirse hablar de música, de literatura o de sus planes para el verano. Y hay momentos en los que hacerlo revela algo mucho más profundo: una preocupante incapacidad para entender lo que está ocurriendo fuera de su despacho.
Pedro Sánchez ha elegido el segundo escenario.


Mientras Ceuta afronta las consecuencias de una gravísima crisis migratoria y su presidente, Juan Jesús Vivas, reclama al Gobierno de España respuestas, recursos y coordinación, Sánchez ha decidido aparecer en TikTok para recomendar libros.
Sí, libros.
No una comparecencia para explicar qué piensa hacer el Gobierno ante la situación de la frontera. No un mensaje dirigido a los ceutíes. No una explicación detallada de las medidas adoptadas. No una rendición de cuentas sobre la respuesta del Estado.
Tres libros.
El presidente se coloca delante de una cámara, sonríe y anuncia a sus seguidores sus lecturas de verano. Recomienda Comerás flores, de Lucía Solla; Nocturnos, de Laura Pérez; y The Age of Unpeace, de Mark Leonard.
Todo muy cultural.
Todo muy moderno.
Todo muy TikTok.
Y, sin embargo, hay algo profundamente obsceno —políticamente hablando— en el contraste.
Porque mientras Pedro Sánchez prepara su siguiente vídeo para las redes sociales, Ceuta está reclamando al Estado que actúe.
Sánchez en TikTok; Vivas en primera línea
La imagen no puede ser más reveladora.
Por un lado, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, convertido en protagonista de una estrategia de comunicación que parece diseñada para vender cercanía, normalidad y modernidad.
Por otro, Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, enfrentándose a una situación que afecta directamente a la seguridad, a los servicios públicos y a la capacidad de respuesta de una ciudad que es frontera exterior de España y de Europa.
Dos fotografías.
Dos realidades.
Dos formas de entender las prioridades.
Mientras Vivas tiene que ocuparse de las consecuencias de una crisis que afecta directamente a Ceuta, Sánchez parece tener tiempo para convertirse en prescriptor literario.
Y aquí está la cuestión que Moncloa debería responder: ¿Qué mensaje pretende transmitir el presidente del Gobierno a los ceutíes con este vídeo?
Porque las redes sociales no son neutrales.
Cuando habla el presidente, habla el presidente.
Cuando aparece Sánchez en TikTok, no desaparece su cargo. Sigue siendo el jefe del Ejecutivo.
Y cuando el jefe del Ejecutivo decide utilizar su escaparate público para recomendar lecturas mientras una ciudad española atraviesa una situación excepcional, es perfectamente legítimo preguntarse si sus prioridades están donde deberían estar.
La España de Sánchez cabe en un vídeo
El problema de Pedro Sánchez es que parece haber descubierto una España que funciona especialmente bien dentro de una pantalla.
Una España de vídeos breves.
Una España de música.
Una España de listas de reproducción.
Una España de recomendaciones culturales.
Una España de gestos cuidadosamente preparados para proyectar juventud, cercanía y normalidad.
Pero existe otra España.
Una España mucho menos cómoda.
La España de las fronteras.
La España de Ceuta.
La España de los servicios públicos sometidos a presión.
La España de los agentes que tienen que enfrentarse a situaciones extraordinarias.
La España de quienes reclaman al Gobierno que no se limite a observar los acontecimientos desde Madrid.
Esa España no se soluciona con TikTok.
Y tampoco desaparece porque el presidente decida hablar de literatura.
«Cómo dimitir»: la respuesta que retrata el hartazgo
Quizá lo más demoledor para Sánchez no sea el vídeo.
Sean los comentarios.
Porque las redes sociales tienen una peculiaridad que Moncloa debería recordar: el presidente puede controlar lo que publica, pero no puede controlar lo que los ciudadanos contestan.
Y algunos usuarios han decidido completar la particular biblioteca presidencial con una recomendación mucho más sarcástica: «Cómo dimitir».
Otros han optado por «El Código Penal».
No son recomendaciones literarias.
Son bofetadas políticas en forma de comentario.
Son la respuesta de quienes han decidido utilizar el mismo escenario elegido por Sánchez para devolverle una imagen completamente distinta de la que pretendía proyectar.
El presidente quería transmitir cultura y cercanía.
Una parte de los usuarios le ha devuelto ironía, hartazgo y reproche.
Eso también es comunicación política.
Y probablemente sea la parte que menos le gusta a cualquier Gobierno.
La «playlist del verano» vuelve convertida en escaparate presidencial
No es la primera vez que Pedro Sánchez utiliza sus redes sociales para presentarse como un presidente próximo, moderno y conectado con las tendencias culturales.
Ya lo hizo con su conocida «playlist del verano».
Ahora llega la biblioteca presidencial.
La fórmula es sencilla: un Pedro Sánchez más personal, más informal, más reconocible para el público de las redes.
Pero hay un problema.
La estrategia puede funcionar cuando el contexto acompaña.
Cuando no hay una crisis de grandes dimensiones, un presidente recomendando música o libros puede parecer simplemente una anécdota.
Cuando existe una crisis que golpea directamente a una ciudad española, el mismo gesto puede interpretarse de otra manera.
No porque leer sea malo.
No porque Sánchez no tenga derecho a disfrutar de sus vacaciones.
Sino porque el poder tiene una responsabilidad adicional: saber cuándo una imagen es inoportuna.
Y la inoportunidad política también es una forma de incompetencia comunicativa.
Sánchez no es un influencer
Quizá alguien debería recordárselo.
Pedro Sánchez no es un influencer.
No es un creador de contenido.
No es un comentarista cultural.
Es el presidente del Gobierno de España.
Y eso significa que cuando se enciende una cámara, el ciudadano no ve simplemente a Pedro Sánchez recomendando un libro.
Ve al presidente.
Ve al responsable último del Ejecutivo.
Ve a quien debe responder ante una crisis fronteriza.
Ve a quien tiene que garantizar que los recursos del Estado llegan donde son necesarios.
Ve a quien debe dar explicaciones.
Por eso resulta tan difícil comprender la prioridad comunicativa de Moncloa.
Porque un presidente puede hacer muchas cosas.
Pero no puede hacerlo todo al mismo tiempo sin asumir que sus decisiones transmiten prioridades.
Y este vídeo transmite una prioridad bastante evidente: Sánchez parece mucho más cómodo hablando de cultura que enfrentándose políticamente a las preguntas incómodas de una crisis fronteriza.
Ceuta no necesita postureo presidencial
Ceuta necesita Estado.
Necesita una política migratoria seria.
Necesita una frontera protegida.
Necesita medios.
Necesita coordinación.
Necesita recursos.
Necesita que Madrid no se acuerde de ella únicamente cuando las imágenes de una crisis obligan al Gobierno a reaccionar.
Y, sobre todo, necesita que el Ejecutivo entienda que la frontera sur no es una cuestión secundaria.
Ceuta y Melilla no son un problema local.
Son frontera española.
Son frontera europea.
Y cualquier crisis que afecte a esas ciudades tiene una dimensión nacional y europea.
Por eso resulta especialmente grave que la política de comunicación presidencial parezca, en ocasiones, más preocupada por construir una determinada personalidad pública de Pedro Sánchez que por explicar con claridad qué está haciendo el Estado.
Juan Jesús Vivas tiene un problema que Sánchez no puede resolver con un vídeo
Juan Jesús Vivas puede ser criticado por sus decisiones. Puede ser sometido al escrutinio político. Puede discutirse su gestión.
Pero hay una diferencia esencial.
Vivas gobierna directamente la ciudad que está sufriendo las consecuencias.
Sánchez gobierna el Estado que tiene las competencias y los recursos necesarios para afrontar una crisis de esta naturaleza.
Por eso la responsabilidad política de ambos no es comparable.
El presidente de Ceuta puede reclamar.
El presidente del Gobierno debe responder.
Y responder no significa publicar un vídeo en TikTok.
Responder significa explicar qué se va a hacer, con qué medios, en qué plazos y quién asumirá la responsabilidad si vuelve a producirse una situación semejante.
El Gobierno de Sánchez tiene un problema de prioridades
Pedro Sánchez ha construido una maquinaria de comunicación extraordinariamente sofisticada.
Moncloa sabe cómo fabricar una imagen.
Sabe cuándo publicar.
Sabe cómo empaquetar un mensaje.
Sabe cómo convertir al presidente en protagonista de vídeos destinados a las redes.
Lo que debería demostrar ahora es que también sabe gobernar cuando las circunstancias dejan de ser cómodas.
Porque gobernar no es aparecer.
Gobernar es decidir.
Gobernar es anticiparse.
Gobernar es asumir costes políticos.
Gobernar es comparecer cuando las preguntas son incómodas.
Gobernar es explicar por qué ocurrió una crisis y qué se hará para evitar que vuelva a ocurrir.
Gobernar es estar donde están los problemas, no únicamente donde están las cámaras.
Y ese es precisamente el interrogante que deja el último vídeo de Sánchez.
Tres libros y demasiadas preguntas
Sánchez ha recomendado tres libros.
Los ciudadanos pueden aceptar sus recomendaciones, ignorarlas o añadir otras.
Pero hay otras lecturas que el presidente debería hacer obligatoriamente.
Debería leer los informes sobre la frontera.
Debería leer las peticiones de ayuda de las autoridades de Ceuta.
Debería leer los análisis sobre la presión migratoria.
Debería leer las advertencias de quienes llevan años reclamando una estrategia nacional para las ciudades españolas del norte de África.
Y, sobre todo, debería leer algo que ningún algoritmo de TikTok puede proporcionarle: el estado de ánimo de una parte de los españoles que está cansada de contemplar cómo los problemas reales se convierten en decorado mientras el poder se dedica a cuidar su imagen.
El problema no son los libros. Es la frivolidad del contraste
Que nadie intente desviar el debate.
El problema no es que Pedro Sánchez lea.
El problema no es que recomiende a Lucía Solla, a Laura Pérez o a Mark Leonard.
El problema no es TikTok.
El problema es la imagen.
La imagen de un presidente relajado hablando de lecturas de verano mientras Ceuta reclama respuestas.
La imagen de un Gobierno que parece tener una respuesta comunicativa para cada circunstancia, pero que sigue obligado a demostrar que tiene una respuesta política para cada crisis.
La imagen de un presidente que parece haber entendido perfectamente cómo funciona una red social, pero que corre el riesgo de no entender qué está percibiendo una parte de la sociedad.
Y eso es mucho más grave.
Porque un Gobierno puede sobrevivir a un vídeo desafortunado.
Lo que ningún Gobierno debería permitirse es que sus ciudadanos empiecen a pensar que vive en otra realidad.
Sánchez debería salir de TikTok y entrar en la realidad
Pedro Sánchez puede seguir recomendando libros.
Puede seguir haciendo playlists.
Puede seguir utilizando TikTok.
Puede seguir intentando proyectar una imagen de presidente moderno, cercano y culturalmente conectado.
Pero mientras lo hace, hay una pregunta que seguirá esperando respuesta:
¿Dónde está el presidente cuando Ceuta necesita al Estado?
No dónde está su equipo de comunicación.
No dónde está su cuenta de TikTok.
No dónde está su próximo vídeo.
Dónde está Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno.
El responsable político de la respuesta del Estado.
El hombre que ocupa la Moncloa.
Porque España no necesita un presidente que parezca moderno.
Necesita un presidente que parezca —y demuestre— que está gobernando.
Y mientras Pedro Sánchez recomienda libros para el verano, la ciudadanía ya le ha añadido a su biblioteca un título que probablemente no estaba previsto en el guion:
«Cómo dimitir».
Quizá el presidente debería leerlo.
Aunque, antes de eso, sería conveniente que leyera algo todavía más importante:
la realidad.
Mientras tanto, La Palma sigue esperando
Y mientras Pedro Sánchez recomienda libros para el verano, muchas familias de La Palma continúan viviendo en contenedores o en soluciones habitacionales provisionales años después de la erupción del volcán de Cumbre Vieja. Familias que perdieron sus viviendas y que todavía esperan una solución definitiva.
Para ellas no hay vídeos de TikTok ni recomendaciones estivales. Hay incertidumbre, viviendas provisionales y una espera que se prolonga demasiado.
Ese es el contraste que el Gobierno debería explicar: un presidente con tiempo para diseñar contenidos para las redes sociales mientras ciudadanos españoles siguen esperando una vivienda digna y permanente.
Mientras España sufre, Sánchez está de vacaciones
Mientras España afronta problemas que exigen al Gobierno presencia, decisión y liderazgo, Pedro Sánchez disfruta de sus vacaciones y cultiva su imagen en las redes sociales. Y la pregunta resulta inevitable: ¿dónde está el presidente cuando sus ciudadanos lo necesitan?
Un presidente del Gobierno no está obligado a renunciar a sus vacaciones cada vez que surge un problema. Pero cuando se acumulan las dificultades y una parte del país reclama respuestas, la imagen importa. Y mucho.
Porque gobernar no consiste en aparecer cuando todo está bajo control ni en grabarse vídeos para recomendar libros. Gobernar consiste en estar en primera línea cuando las cosas se complican, asumir responsabilidades y dar la cara.
Mientras en Ceuta se reclama una respuesta del Estado, mientras familias de La Palma continúan esperando soluciones definitivas y mientras otros ciudadanos afrontan problemas que dependen directamente de la acción del Gobierno, Sánchez parece más interesado en administrar su escaparate personal que en transmitir la presencia de un presidente al frente de su país.
Y resulta especialmente irritante contemplar determinadas imágenes de Sánchez disfrutando del verano y buceando desde embarcaciones de la Guardia Civil, mientras quienes están en tierra siguen esperando que el Estado les dé respuestas.
España no necesita un presidente convertido en influencer. Necesita un presidente que ejerza de presidente.
Un jefe del Ejecutivo puede descansar. Lo que no puede hacer es transmitir la sensación de que cuando el país arde, él está de vacaciones, y cuando aparece, es para hacerse la foto.
Porque las vacaciones terminan.
Los vídeos desaparecen.
Las fotografías dejan de circular.
Pero los problemas de los españoles permanecen.
Y un presidente debe estar donde está su país, especialmente cuando su país lo necesita.
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