
Los españoles necesitan 231 días de trabajo para cubrir impuestos y cotizaciones en 2026
Uno de los ejemplos más llamativos del estudio compara el coste laboral total para la empresa con el salario neto que finalmente recibe el empleado


La economía de Marruecos es una de las más prometedores de África. Su creciente apertura al exterior, la expansión de la inversión extranjera directa y la cercanía a Europa (uno de los mayores mercados del mundo) han elevado las expectativas sobre la economía del país. El PIB, además, ya crece a un ritmo que roza el 5%, doblando la tasa de la economía de España, el motor de la zona euro.
Esta tendencia podría perpetuarse, según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que vaticina que el PIB marroquí crecerá de forma estable cerca de un 4% durante años.


Pese a todo a lo anterior, miles de jóvenes marroquíes se juegan la vida cada año intentando llegar a España y el resto de Europa. Esto tiene una doble explicación. Por un lado, Marruecos es una economía relativamente pobre (su PIB per cápita apenas representa 12% del española) y que está muy lejos de la frontera tecnológica y de producción, lo que le da un enorme margen para mejorar y seguir creciendo mucho más rápido que España y buena parte de Europa.
Al mismo tiempo, la salida de miles de jóvenes marroquíes es una 'bendición' en el corto plazo (puede ser un lastre en el largo) para la economía de Marruecos por varias razones.
Para un observador económico externo, las imágenes de Ceuta vistas a través de los telediarios pueden sorprender si se repasa la retahíla de titulares leídos en los últimos años en la prensa financiera. Al galope de unas excelsas tasas de crecimiento económico, Marruecos ha destacado por sacar la cabeza como un polo automovilístico que ya acecha las cifras de producción de viejas potencias como Italia y por las sucesivas mejoras de calificación crediticia.
La fuerte inversión china en instalaciones aledañas a la fabricación del coche eléctrico en el país aprovechando los menores costes laborales, el erigirse en puerta comercial con Europa aprovechando las buenas relaciones con EEUU en plena ofensiva comercial de Washington, su papel como suministrador clave de fosfatos en un mundo cada vez más temeroso energéticamente, una cada vez mayor pujanza portuaria que hace cada vez más sombra a España o la construcción a la carrera de estadios, carreteras y hoteles de cara al Mundial de fútbol de 2030 han ocupado líneas y líneas de periódicos.
Sin embargo, mirando bajo la superficie, también aparecen zonas de sombra, como se pudo apreciar en las masivas protestas de jóvenes del año pasado que fueron duramente reprimidas y en la que los marroquíes pedían por ejemplo menos inversiones para el Mundial y más para hospitales. Como suele ocurrir, la realidad está en un punto intermedio. Los perfiles de los ciudadanos del reino que intentaron acceder a Ceuta revelan una espesa capa de matices en la que el éxito económico del país no está reñido con el deseo de buscar oportunidades fuera del mismo.
La marcha de miles de jóvenes a trabajar o emigrar a España actúa como una suerte de válvula de seguridad económica y social vital para Marruecos. Por un lado, ayuda a aliviar las presiones internas derivadas del alto desempleo juvenil (que llegar a rozar el 30% en las zonas rurales). El desempleo juvenil es un problema histórico en el país vecino que no solo amenaza a la economía, sino también al propio régimen del país.
El descontento de los jóvenes ha prendido la mecha de la revolución en varios países musulmanes en las últimas décadas y Marruecos, aunque ha logrado controlar los conatos de revolución sabe que no es inmune a estos cambios. Si estos jóvenes se emigran hacia los países desarrollados mejoran las estadísticas de desempleo juvenil y se reduce el riesgo de sufrir una revolución.
Al mismo tiempo, la marcha de miles de jóvenes tiene otro efecto positivo en el corto plazo, ya que presumiblemente generarán enormes flujos financieros a través de remesas internacionales. De hecho, el Gobierno de Marruecos ha publicado recientemente los datos de remeses (entre enero y abril) y el crecimiento ha sido de un 10% anual, llegando a los 3.700 millones de euros. De este modo, las remesas superan al turismo o la exportación de fosfatos como gran ingreso del exterior de la economía marroquí.
El dinero que envían los que viven fuera es una 'bendición' para la economía receptora y una fuga para la emisora. Los países avanzados suelen presentar una salida neta de remesas, mientras que los países en desarrollo reciben entradas netas. Esto se convierte en beneficios económicos y sociales para Marruecos, donde los salarios son mucho más bajos y unos cientos de euros que llegan de forma periódica marcan la diferencia en la renta disponible de un hogar.
Pese a todo, Marruecos sigue siendo un país con enormes carencias. Las persistentes y profundas desigualdades entre las zonas urbanas y rurales, con una tasa de desempleo juvenil del 27% en estas últimas, frente al 9,5% a nivel nacional.
Aunque España también sufre niveles igualmente altos de desempleo juvenil y problemas como el acceso a la vivienda son cada vez más lacerantes, el PIB per cápita español es aproximadamente ocho veces mayor que el de Marruecos, según cifras del Banco Mundial.
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