MARRUECOS, SÁNCHEZ Y LA PREGUNTA QUE NADIE QUIERE HACERSE: ESPIONAJE, PODER, ESTADO Y NARCOTRÁFICO

MARRUECOS Y EL HACHÍS: UNA REALIDAD CRIMINAL, NO UNA ACUSACIÓN CONTRA EL ESTADO MARROQUÍ
Nacional20 de septiembre de 2026 JS

Hay una frase que conviene repetir hasta que dejemos de confundir al Gobierno con el Estado:

Pedro Sánchez no es España.

Y tampoco lo es el PSOE. Ni el PP. Ni siquiera la persona que ocupa en cada momento la Jefatura del Estado.

Un presidente del Gobierno puede ser sustituido. Puede perder unas elecciones, puede dimitir, puede ser censurado por el Congreso o puede ser reemplazado mediante los mecanismos constitucionales correspondientes.

El Estado, en cambio, permanece.

La Corona permanece.

Las Fuerzas Armadas permanecen.

Los servicios de inteligencia permanecen.

La diplomacia permanece.

Las fronteras permanecen.

Ceuta y Melilla permanecen.

Y Marruecos seguirá estando al otro lado del Estrecho cuando Pedro Sánchez ya no esté en La Moncloa.

Por eso resulta demasiado sencillo explicar toda la relación hispano-marroquí desde una única persona: Pedro Sánchez.

Y precisamente ahí comienza la cuestión que plantea el vídeo que acompaña este artículo.

Porque si Marruecos dispusiera de información capaz de condicionar gravemente a España, la pregunta no sería simplemente qué tiene Marruecos contra Sánchez.

La pregunta sería mucho más seria:

¿Qué podría tener Marruecos que afectase a España como Estado?

Y esa pregunta obliga a mirar mucho más allá de Pedro Sánchez.

SÁNCHEZ, MOHAMED VI Y UNA RELACIÓN QUE CAMBIÓ RADICALMENTE

Hay dos nombres que inevitablemente aparecen cuando se analiza la relación actual entre España y Marruecos:

Pedro Sánchez y Mohamed VI.

El 7 de abril de 2022, Sánchez viajó a Rabat y se reunió con el rey Mohamed VI. Ambos países anunciaron oficialmente el inicio de una "nueva etapa" en sus relaciones bilaterales.

No estamos hablando de una interpretación.

Está escrito.

Está firmado.

Está publicado.

Y dentro de aquella nueva hoja de ruta apareció una cuestión de enorme trascendencia: España pasó a considerar la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la base "más seria, realista y creíble" para resolver el conflicto.

El cambio fue suficientemente importante como para provocar un intenso debate político en España.

Y aquí aparece una cuestión que merece ser planteada sin sectarismo:

¿Por qué?

¿Por qué aquel cambio de posición?

¿Fue exclusivamente una decisión estratégica?

¿Influyeron la crisis de Ceuta de mayo de 2021, la inmigración, la seguridad, la cooperación antiterrorista, los intereses económicos, la presión diplomática o la necesidad de estabilizar la relación bilateral?

¿Influyó el espionaje mediante Pegasus?

¿Existió alguna otra información que nunca ha llegado al conocimiento público?

No podemos responder afirmativamente a la última pregunta sin pruebas.

Pero tampoco deberíamos fingir que la pregunta no existe.

PEGASUS: PEDRO SÁNCHEZ, ROBLES, MARLASKA Y GONZÁLEZ LAYA

Aquí los nombres son importantes.

Porque el caso Pegasus no afectó a un ciudadano cualquiera.

Afectó al presidente del Gobierno.

Pedro Sánchez.

A la entonces ministra de Defensa,

Margarita Robles.

Al ministro del Interior,

Fernando Grande-Marlaska.

Y previamente se había conocido el espionaje del teléfono de la entonces ministra de Exteriores,

Arancha González Laya.

Es decir, hablamos de personas situadas en el corazón mismo del Estado.

Y el momento tampoco es irrelevante.

Una de las infecciones detectadas en el teléfono de Sánchez se produjo en mayo de 2021, en plena crisis con Marruecos.

Precisamente en aquellos días se produjo la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta y una de las crisis diplomáticas más graves entre ambos países en décadas.

Las coincidencias temporales existen.

Lo que no existe, al menos públicamente, es una sentencia que permita afirmar que Mohamed VI ordenó personalmente el espionaje o que el Estado marroquí fuese judicialmente declarado responsable.

Y esa diferencia debemos mantenerla.

Porque decir "hay indicios y preguntas" es legítimo.

Decir "está demostrado que Marruecos chantajeó a Sánchez" sería otra cosa.

La investigación judicial española terminó sin identificar al responsable.

La falta de cooperación internacional, especialmente de Israel en relación con la tecnología de Pegasus, dificultó las diligencias y la causa terminó archivándose.

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Pero que una investigación judicial no haya podido identificar al autor no significa que el espionaje no existiera.

Existió.

Y eso ya es suficientemente grave.

¿Y FELIPE VI?

Aquí aparece otro nombre:

Felipe VI.

Y aquí también hay que ser rigurosos.

El Rey es constitucionalmente el jefe del Estado y símbolo de su unidad y permanencia. La Constitución le atribuye además la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales.

Pero la dirección de la política exterior corresponde al Gobierno.

Esto es importante porque permite entender por qué Pedro Sánchez y Felipe VI no son intercambiables.

Sánchez dirige el Gobierno.

Felipe VI es el jefe del Estado.

La Constitución establece funciones distintas para ambos.

Por eso, cuando se habla de posibles informaciones comprometedoras sobre España, no tiene sentido reducir automáticamente el asunto a la persona que ocupa La Moncloa.

Si existiera una vulnerabilidad que afectara a la estructura del Estado, el problema sobreviviría al presidente de turno.

Y precisamente por eso debemos ser extremadamente prudentes con las afirmaciones del tipo "el Rey fue espiado por Pegasus".

Una cosa es que se revisasen terminales sensibles.

Otra es demostrar técnicamente una infección.

Otra, todavía distinta, es demostrar quién la realizó.

Y otra completamente diferente sería demostrar que esa información fue utilizada posteriormente para condicionar decisiones del Estado.

No debemos confundir las cuatro cosas.

EL NOMBRE QUE FALTA: JOSÉ MANUEL ALBARES

Hay otro nombre inevitable:

José Manuel Albares.

El ministro de Asuntos Exteriores ha sido uno de los principales responsables políticos de la relación con Marruecos durante esta nueva etapa.

Y resulta significativo que el propio Gobierno haya definido oficialmente la relación con Marruecos como un "asunto de Estado".

Eso cambia la perspectiva.

Porque si el propio Ejecutivo considera que Marruecos constituye una cuestión de Estado, entonces la relación no puede analizarse únicamente como una relación personal entre Sánchez y Mohamed VI.

Hay una estructura permanente detrás.

Exteriores.

Interior.

Defensa.

Inteligencia.

Casa Real.

Fuerzas de Seguridad.

Unión Europea.

OTAN.

Y toda la maquinaria institucional que participa en la seguridad nacional.

Y AQUÍ APARECE UNA PALABRA QUE INCOMODA: NARCOTRÁFICO

Hay otra dimensión que no debería desaparecer de este debate:

el narcotráfico.

No porque exista ninguna prueba pública de que Pedro Sánchez, Felipe VI, Mohamed VI, José Manuel Albares, Margarita Robles, Grande-Marlaska o cualquier otro miembro del Gobierno español esté personalmente implicado en actividades de narcotráfico.

No existe base para afirmarlo.

Pero sí existe un problema real y perfectamente documentado:

las redes de narcotráfico que operan entre Marruecos y España.

Y aquí las cifras y los informes oficiales son mucho más contundentes que cualquier especulación.

La Fiscalía Especial Antidroga explica que, por razones geográficas, España es un punto predominante de llegada y tránsito de cocaína y de llegada del hachís procedente de Marruecos. Además, subraya que el tráfico de drogas está estrechamente vinculado con la delincuencia organizada, la corrupción y el blanqueo de capitales.

Esto no es una teoría.

Es la Fiscalía Antidroga.

Y hay algo todavía más relevante.

La propia Fiscalía ha documentado investigaciones en las que se estudia la participación o colaboración de miembros de las fuerzas de seguridad con organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico.

Eso significa que cuando hablamos de narcotráfico no estamos hablando únicamente de individuos que cruzan el Estrecho en una narcolancha.

Estamos hablando de estructuras criminales capaces de generar dinero, corrupción, blanqueo, violencia e infiltración.

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MARRUECOS Y EL HACHÍS: UNA REALIDAD CRIMINAL, NO UNA ACUSACIÓN CONTRA EL ESTADO MARROQUÍ

Hay que hacer aquí otra distinción fundamental.

Que Marruecos sea el principal origen del hachís que llega a España no significa que el Estado marroquí esté detrás del narcotráfico.

Son cosas completamente diferentes.

Las organizaciones criminales no representan automáticamente a los Estados en cuyo territorio operan.

Pero sí existe una realidad geográfica que no puede ignorarse.

El Estrecho separa España y Marruecos por apenas unos kilómetros.

El norte de África es una de las principales zonas de producción de cannabis destinado al mercado europeo.

España es la puerta de entrada natural.

Y las redes criminales aprovechan esa proximidad.

La Fiscalía ha descrito precisamente esta situación al analizar la actividad de las organizaciones dedicadas a introducir hachís desde Marruecos hacia España y posteriormente hacia otros países europeos.

LAS NARCOLANCHAS YA NO SON UNA ANÉCDOTA

El problema tampoco se limita al tráfico de droga.

Las mismas estructuras pueden intervenir en contrabando, blanqueo, tráfico de personas, corrupción y violencia.

En junio de 2025, Europol informó de una operación apoyada por las autoridades españolas contra una organización transnacional que operaba entre España y Marruecos en tráfico de drogas y de migrantes.

Hubo ocho detenidos y las autoridades estimaron que la organización había introducido a más de 200 personas y obtenido más de 2,5 millones de euros de beneficios.

Y en España las operaciones continúan.

En diciembre de 2025, la Guardia Civil informó de la desarticulación de un grupo que introducía hachís desde Marruecos mediante helicópteros.

Se incautaron 657 kilos de hachís y cinco armas de fuego, y las operaciones afectaban a Málaga, Almería y Murcia.

Es decir:

Marruecos–España no es solamente una cuestión diplomática.

Es también una frontera de seguridad.

Una frontera migratoria.

Una frontera económica.

Una frontera energética.

Una frontera criminal.

Y una frontera estratégica.

EL CASO DE "EL TARTA" Y EL PODER DE LAS REDES CRIMINALES

Otro ejemplo ayuda a entender la dimensión del problema.

En marzo de 2025, la Guardia Civil anunció la desarticulación de la organización conocida como "El Tarta", con 23 detenidos en Sevilla y Cádiz.

Según la Guardia Civil, la organización introducía grandes cantidades de hachís procedente de Marruecos a través del Guadalquivir y utilizaba embarcaciones de alta velocidad.

Lo importante no es solamente el nombre del grupo.

Lo importante es la estructura.

Droga.

Logística.

Embarcaciones.

Combustible.

Dinero.

Corrupción.

Blanqueo.

Y conexiones internacionales.

Eso es exactamente lo que convierte el narcotráfico en un problema de seguridad nacional.

CUANDO EL NARCOTRÁFICO SE MEZCLA CON LA CORRUPCIÓN

Aquí llegamos a una de las partes más delicadas.

La Fiscalía Antidroga ha documentado procedimientos en los que miembros de cuerpos policiales aparecen investigados o condenados por colaborar con estructuras relacionadas con el narcotráfico.

En la provincia de Cádiz, por ejemplo, se han producido condenas contra agentes de la Guardia Civil relacionadas con blanqueo de capitales y pertenencia a grupos criminales.

Y en Murcia la propia Fiscalía recoge una investigación dirigida por la Unidad de Asuntos Internos sobre la organización conocida como "Los Albaneses", en la que aparecen investigados varios agentes de la Policía Nacional, incluido quien fuera jefe de UDYCO en Cartagena, por delitos que incluyen tráfico de drogas, revelación de secretos, cohecho y blanqueo, entre otros.

Aquí sí tenemos nombres de operaciones, unidades y estructuras.

Pero nuevamente hay que respetar la presunción de inocencia:

estar investigado no significa estar condenado.

Y esa diferencia debe mantenerse especialmente cuando se escribe sobre personas concretas.

¿PUEDE EL NARCOTRÁFICO GENERAR PODER POLÍTICO?

La pregunta es legítima.

La respuesta general también está documentada: sí, las grandes organizaciones criminales pueden utilizar el dinero del narcotráfico para comprar voluntades, corromper funcionarios, blanquear capitales y penetrar instituciones.

La Fiscalía Antidroga cita expresamente la corrupción, la violencia y el blanqueo de capitales como herramientas utilizadas por las redes de narcotraficantes para desestabilizar sociedades y erosionar la confianza en las instituciones.

Pero de ahí no se puede saltar a afirmar que exista una conexión concreta entre narcotráfico y la política española sin pruebas.

Y mucho menos que esa conexión explique la política española hacia Marruecos.

Eso habría que demostrarlo.

ENTONCES, ¿QUÉ PUEDE TENER MARRUECOS?

Aquí llegamos al corazón de la cuestión.

¿Puede Marruecos disponer de información sensible sobre España?

Por supuesto que sí.

Como cualquier Estado con servicios de inteligencia, diplomacia y cooperación internacional.

¿Puede Marruecos conocer información que España preferiría mantener reservada?

Es perfectamente posible.

¿Puede Marruecos disponer de información obtenida mediante operaciones de inteligencia?

No sería extraordinario en términos de relaciones internacionales.

¿Sabemos públicamente que Marruecos tenga información que pueda utilizar para chantajear a la Corona española o al Estado?

No.

¿Sabemos que Marruecos utilizara Pegasus para obtener esa información?

No está judicialmente demostrado.

¿Sabemos que Pedro Sánchez fue espiado?

Sí.

¿Sabemos que otros miembros del Gobierno fueron espiados?

Sí.

¿Sabemos quién ordenó el espionaje?

La investigación española no consiguió establecerlo.

Y esta última respuesta es precisamente la que debería mantener abierta nuestra preocupación.

PORQUE UN PRESIDENTE SE CAMBIA; UN SECRETO DE ESTADO NO

Esta es la idea fundamental.

Supongamos que mañana Pedro Sánchez deja de ser presidente del Gobierno.

¿Qué ocurre con cualquier información sensible que hubiera podido obtener una potencia extranjera?

No desaparece.

Si mañana Alberto Núñez Feijóo fuese presidente, esa información seguiría existiendo.

Si pasado mañana gobernase otro partido, seguiría existiendo.

Si cambiara el ministro de Exteriores, seguiría existiendo.

Si cambiara el Gobierno entero, seguiría existiendo.

Ese es el verdadero sentido de hablar de Estado.

Por eso resulta insuficiente decir:

"Si Marruecos tiene algo contra Sánchez, que se cambie a Sánchez".

No necesariamente.

Porque si el supuesto problema no es Sánchez como individuo sino una vulnerabilidad del Estado español, cambiar al presidente no resuelve absolutamente nada.

Y AHÍ LA CORONA ADQUIERE UNA DIMENSIÓN DISTINTA

La Constitución define a Felipe VI como jefe del Estado y símbolo de su unidad y permanencia.

No es un detalle menor.

Es precisamente la palabra permanencia.

Los gobiernos pasan.

Los parlamentos cambian.

Los partidos cambian.

Los presidentes cambian.

La Jefatura del Estado tiene otra lógica constitucional.

Por eso, si alguna potencia extranjera dispusiera de información comprometida sobre una institución del Estado, la cuestión sería necesariamente más profunda que una pelea entre Sánchez y Mohamed VI.

Pero precisamente por eso tampoco podemos rellenar los espacios desconocidos con imaginación.

La sospecha no es una prueba.

LA RELACIÓN CON MARRUECOS NO NACIÓ CON PEDRO SÁNCHEZ

Hay otro dato que desmonta parcialmente la idea de que todo comenzó con Sánchez.

El propio Sánchez recordó en el Congreso en 2022 que los gobiernos de Mariano Rajoy habían utilizado en 2012 y 2015 expresiones muy similares a las empleadas por su Ejecutivo respecto a los esfuerzos marroquíes sobre el Sáhara.

Esto es importante.

Porque demuestra que la política española hacia Marruecos no puede explicarse únicamente como una decisión personal de Sánchez.

Hay continuidad.

Hay Estado.

Hay intereses permanentes.

Hay geografía.

Hay seguridad.

Hay economía.

Hay migración.

Y hay una relación histórica que ningún Gobierno puede ignorar.

LA PREGUNTA CORRECTA

Por eso creo que el debate debería cambiar radicalmente.

No deberíamos preguntarnos únicamente:

"¿Qué tiene Marruecos contra Pedro Sánchez?"

Deberíamos preguntar:

"¿Qué sabe Marruecos sobre España?"

Y después:

"¿Qué sabe España sobre Marruecos?"

Y todavía más:

"¿Qué información clasificada, vulnerabilidades de seguridad, intereses económicos, operaciones de inteligencia y amenazas criminales condicionan realmente nuestra relación bilateral?"

Eso es mucho más incómodo.

Porque obliga a hablar de servicios de inteligencia.

De seguridad.

De diplomacia.

De narcotráfico.

De blanqueo.

De corrupción.

De inmigración.

De Ceuta.

De Melilla.

Del Sáhara.

De Pegasus.

Y de la capacidad real de un Estado extranjero para influir sobre otro.

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NO ES UNA CUESTIÓN DE PEDRO SÁNCHEZ

Aquí vuelvo al principio.

Si Marruecos tuviera algo verdaderamente grave que pudiera comprometer a España, no sería un problema exclusivamente de Pedro Sánchez.

Porque Pedro Sánchez puede ser sustituido.

El Gobierno puede cambiar.

El PSOE puede dejar de gobernar.

Pero España seguiría teniendo que relacionarse con Marruecos.

Felipe VI seguiría siendo el jefe del Estado.

Ceuta y Melilla seguirían ahí.

El Estrecho seguiría ahí.

Las redes de narcotráfico seguirían intentando utilizar esa frontera.

Los intereses económicos seguirían existiendo.

La inmigración seguiría siendo un asunto estratégico.

Y Marruecos seguiría siendo un vecino imprescindible.

Por eso, reducirlo todo a "Sánchez está sometido" puede ser tan simplista como afirmar lo contrario: que no existe ningún problema porque las relaciones entre Estados son normales.

Puede haber relaciones normales y, al mismo tiempo, relaciones de enorme dureza, presión e inteligencia.

Así funciona la geopolítica.

LA PARTE QUE SÍ PODEMOS AFIRMAR

Podemos afirmar que Pedro Sánchez y Mohamed VI abrieron en 2022 una nueva etapa en las relaciones hispano-marroquíes.

Podemos afirmar que esa etapa incluyó un cambio significativo de la posición española sobre el Sáhara Occidental.

Podemos afirmar que el Gobierno español considera Marruecos un socio estratégico en migración, seguridad y economía.

Podemos afirmar que los teléfonos de Pedro Sánchez y varios ministros fueron atacados mediante Pegasus.

Podemos afirmar que las investigaciones judiciales no consiguieron identificar públicamente al responsable.

Podemos afirmar que España tiene un problema grave y documentado de narcotráfico vinculado geográficamente a la entrada de hachís desde Marruecos y que las organizaciones criminales utilizan redes internacionales, violencia, corrupción y blanqueo.

Podemos afirmar que existen investigaciones y condenas por corrupción vinculada al narcotráfico dentro de España.

Pero no podemos afirmar, sin pruebas adicionales, que:

Mohamed VI chantajee a Pedro Sánchez.

Ni que:

Marruecos tenga material comprometedor sobre Felipe VI.

Ni que:

el narcotráfico marroquí controle la política española.

Ni que:

Pegasus demuestre que Marruecos chantajeó al Gobierno español.

Esas son hipótesis.

Y una hipótesis puede ser investigada.

Pero no debe convertirse artificialmente en una certeza.

LO VERDADERAMENTE PREOCUPANTE

Paradójicamente, quizá lo más preocupante no sea saber si existe un gran secreto oculto.

Lo verdaderamente preocupante es que sabemos que España fue espiada y no sabemos públicamente quién lo hizo.

Sabemos que existe una enorme actividad criminal alrededor del Estrecho.

Sabemos que Marruecos es un socio estratégico indispensable y, al mismo tiempo, un Estado con intereses propios que no siempre coinciden con los españoles.

Sabemos que el Sáhara condiciona profundamente la política exterior marroquí.

Sabemos que Ceuta y Melilla son asuntos especialmente sensibles.

Sabemos que el narcotráfico genera estructuras capaces de corromper funcionarios y penetrar instituciones.

Y sabemos que las fronteras entre seguridad, inteligencia, diplomacia, crimen organizado y política internacional son mucho más difusas de lo que muchas veces queremos reconocer.

Por eso no hace falta inventar una conspiración para tener motivos suficientes para exigir respuestas.

EPÍLOGO: EL ESTADO PERMANECE

Quizá esa sea la verdadera lección.

Pedro Sánchez pasará.

Mohamed VI pasará.

Felipe VI, algún día, también será sucedido conforme a la Constitución.

Los gobiernos pasarán.

Los ministros pasarán.

Los partidos pasarán.

Pero los intereses permanentes de España permanecerán.

Y también permanecerán sus vulnerabilidades.

Por eso, cuando alguien diga:

"A Sánchez se le cambia."

La respuesta debería ser:

Sí.

Pero inmediatamente después habría que preguntar:

"¿Y qué hacemos con aquello que no cambia?"

Porque si existe información capaz de condicionar a España, el problema no sería Pedro Sánchez.

Si existe una vulnerabilidad de inteligencia, el problema no sería Pedro Sánchez.

Si existe infiltración criminal, el problema no sería Pedro Sánchez.

Si existe corrupción vinculada al narcotráfico, el problema no sería Pedro Sánchez.

Si existe una operación extranjera capaz de comprometer instituciones españolas, el problema no sería Pedro Sánchez.

Sería España.

Y por eso precisamente merece ser investigado como un asunto de Estado.

Sin miedo.

Sin propaganda.

Sin partidismo.

Y sin convertir las sospechas en pruebas.

Porque una democracia adulta tiene que ser capaz de hacer las preguntas más incómodas sin inventarse las respuestas.

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